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6.1.16

Pierre Boulez (1925 - 2016)


“No tengo todo el siglo por delante. Me siento muy bien, pero soy consciente de mis limitaciones. Sé que no puedo acelerar mi actividad si quiero mantenerme activo el mayor tiempo posible. ¿Qué no ha hecho que debería haber hecho? “Oh, muchas cosas, demasiadas, pero no lo lamento. Sé que mi vida ha estado muy llena. Ha ido en muchas direcciones, pero creo que he conseguido marcar un paso musical, y no se puede ganar en todo. Creo que he hecho cosas importantes y cosas menos importantes. Por tanto, considero que el balance final es bastante positivo” Pierre Boulez

Pierre Boulez (Montbrison, 26 de marzo 1925 - Baden Baden, 5 de enero 2016)

3.7.12

Gala Hans van Manen 80 years!



On 11 July 2012, resident choreographer Hans van Manen will turn eighty. The Dutch National Ballet is celebrating this happy event one week earlier with a ballet gala dedicated to Van Manen and his work.

For the occasion of his birthday, the Dutch National Ballet is presenting a programme that includes the new work he is creating for Present(s) (premiere February 2012), and a selection of his acclaimed ‘ballets for two’ and other highlights of his oeuvre. Guests from the Netherlands and abroad will also add sparkle to this special gala (dress code: black tie).

Van Manen, who is indisputably Holland’s greatest choreographer, has received numerous awards, including the Erasmus Prize and the Benois de la Danse Lifetime Achievement Award. On his seventy-fifth birthday, when the Dutch National Ballet organised a large-scale Hans van Manen Festival, he was made a Commander of the Order of the Netherlands Lion; an honour for ‘services of very exceptional merit’.

‘Hans van Manen is in a class of his own’ - de Volkskrant

‘Nobody reviewing the evening can conclude otherwise than that Van Manen is the greatest choreographer of the Netherlands’ - NRC Handelsblad about the opening evening of the Hans van Manen Festival.

Gala Hans van Manen 80 years

3.2.10

Suite for Jazz Orchestra No. 2 - Dimitri Shostakovich

Suite for Jazz Orchestra No. 2 - Dimitri Shostakovich

Composer: Dmitri Shostakovich (1906-1975).
Conductor: Dmitry Yablonsky - Ensemble: Russian State Symphony Orchestra.

La Suite en Jazz para Orquesta de n º 2 es una suite de Dmitri Shostakovich compuesta en 1938 y estrenada el 28 de noviembre del mismo año en Moscú (Moscú Radio). Además de producir algunas de las sinfonías más notables y cuartetos de cuerda del siglo 20, Shostakovich también sobresalió en piezas ocasionales y música ligera.

La Suite for Jazz es una obra fascinante, como toda su música.


Jazz Suite No. 2: I. March - Part 1



Jazz Suite No. 2: II. Lyric Waltz - Part 2



Shostakovich - Jazz Suite No. 2: VI. Waltz 2 - Part 3

27.1.10

Shostakovich - Symphony No. 9, Op. 70


Dmitri Shostakovich (1906 - 1975)

Symphony No. 9 In E Flat Major, Op. 70.

05 - 1. Allegro
06 - 2. Moderato - Adagio
07 - 3. Presto
08 - 4. Largo
09 - 5. Allegretto - Allegro

La Symphony No. 9 es una de las mas absolutas genialidades del compositor soviético.

Compuesta en 1945 y estrenada por la Orquesta Filarmónica de Leningrado con Evgeny Mravinsky al frente de la agrupación vio la luz en el concierto de apertura de la temporada 25 de la Orquesta Filarmónica de Leningrado. Compartió el programa con la Sinfonía N º 5 de Tchaikovsky.

Creada para la celebración de la victoria de Rusia sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, no fue bien recibidos en Occidente por la critica: "El compositor ruso ha expresado sus sentimientos acerca de la derrota del nazismo de manera infantil" (New York World-Telegram, 27 de julio de 1946).

En 1943 Shostakovich declaró que la sinfonía seria una creación compuesta para orquesta, solistas y coro, y su contexto sería "la muestra de la grandeza del pueblo ruso, sobre nuestras tierras y el triunfo del Ejército Rojo como liberador de nuestro pueblo del enemigo".

La sinfonía resultó ser una obra completamente diferente a la que había previsto inicialmente Shostakovich, no había solistas ni coro y poseía un estado de ánimo mucho más ligero de lo esperado. Difiere ampliamente en gran medida de las sinfonías anteriores, la Séptima y la Octava, y si las anteriores dieron luz al trágico personaje heroico, a continuación, en la Novena serian el humor exultante, diáfano y luminoso los varios elementos que predominan en la gran obra musical.

Transparente con mucha luz y aire, en 1946 es nominada para el Premio Stalin pero no lo gano. En cambio fue censurada el 14 de febrero de 1948 junto con algunas otras obras del compositor que finalmente su nombre fue retirado de las listas negras en el verano de 1955.

Symphony No. 9 Shostakovich op. 70 - I Mov. Allegro



Shostakovich - Symphony No. 9, Op. 70 - II Mov. Moderato - Adagio



Symphony No. 9 Shostakovich op. 70 - III Mov. Presto



Shostakovich - Symphony No. 9, Op. 70 IV Mov. Largo



Shostakovich - Symphony No. 9, Op. 70 - V Mov. Allegretto - Allegro

30.12.09

Concierto de Año Nuevo 2010 en Viena


El director de orquesta francés Georges Prêtre durante el ensayo con la Orquesta Filarmónica de Viena.

EL concierto de Año Nuevo en Viena, bajo la batuta del francés Georges Prêtre.

Por Pierre Feuilly (AFP)

El concierto de música clásica más mediático del mundo, el dado en Año Nuevo por la Orquesta Filarmónica de Viena, será dirigido el viernes, por segunda vez, por el director de orquesta francés Georges Prêtre y transmitido por televisión a 72 países de todo el mundo.

Cuatro países se agregan a la larga lista de los que transmiten este tradicional concierto, consagrado al vals vienés de la familia Strauss y cuyo origen se remonta a 1939: Mongolia, Mozambique, Sri Lanka, Trinidad y Tobago.

En total, cerca de 50 millones de telespectadores escucharán este concierto excepcional, desde Albania a Uruguay, pasando por Australia, China, India, Japón, Estados Unidos y Rusia.

Otra novedad este año, el vestuario del ballet fue creado por el diseñador italiano Valentino, que, tras poner fin a su larga carrera en la alta costura, emprende una de diseñador de trajes de ballet manteniéndose fiel a su color predilecto, el rojo.

Para la edición 2010 del concierto de Año Nuevo, la Orquesta Filarmónica recurrió a dos bailarines estrella de la Opera de París, la italiana Eleonora Abbagnato y el francés Nicolas Le Riche, y al coreógrafo italiano Renato Zanella.

También por vez primera, el concierto será difundido en alta definición y podrá ser seguido en directo por internet, a través de uno de los portales de la televisión estatal austríaca ('http:/TVthek.ORF.at').

Para Georges Prêtre, de 85 años de edad, se trata del reconocimiento de su larga relación con Viena y la Orquesta Filarmónica, a la que él dirigió por primera vez en 1962. Único director de orquesta francés invitado al prestigioso concierto, Prêtre tuvo un gran éxito en su debut en él, el 1 de enero de 2008.

"Para mí, es una relación excepcional de confianza que continúa y que me permitirá, por segunda vez, transmitir al mundo entero, a través de la música, un mensaje de amor y de paz", declaró el director francés.

Como es habitual, las entradas para el concierto se vendieron en el mundo entero con un año de antelación.

Elegido por los músicos que, desde la creación de la Filarmónica en 1842, administran ellos mismos la orquesta, Georges Prêtre forma parte del grupo de 13 directores (de los que es el decano) que han tenido la batuta en este exclusivo club vienés, junto con Willy Boskovsky, Herbert von Karajan, Carlos Kleiber, Nikolaus Harnoncourt, Clemens Krauss, Lorin Maazel, Claudio Abbaddo, Riccardo Muti, Zubin Mehta, Seiji Ozawa, Mariss Jansons y Daniel Barenboïm.

Para la edición 2010, Georges Prêtre y la Filarmónica de Viena previeron algunas novedades, entre ellas un homenaje al compositor Otto Nicolai, cuyo bicentenario será celebrado en 2010.

Además del culto de la música y del vals vienés, el concierto de Año Nuevo es para la Filarmónica de Viena una ocasión de mejorar sus finanzas, gracias a las ventas de CD y DVD.

26.12.09

No puede ser!


Alfredo Kraus canta la romanza "No puede ser" de "La Tabernera del Puerto", zarzuela de Pablo Sorozábal (1897-1988).

Concierto celebrado en el Teatro Real de Madrid, el 21 de febrero de 1998.

Uno de los mejores tenores líricos de la segunda mitad del siglo XX. Aunque ya no está con nosotros, estoy segura que nadie lo olvida ..

Enjoy!



¡No puede ser! Esa mujer es buena.
¡No puede ser una mujer malvada!
En su mirar como una luz singular
He visto que esa mujer es una desventurada.

No puede ser una vulgar sirena
Que envenenó las horas de mi vida.
¡No puede ser! Porque la ví rezar,
Porque la ví querer,
Porque la ví llorar.

Los ojos que lloran no saben mentir;
Las malas mujeres no miran así.
Temblando en sus ojos dos lágrimas ví
Y a mi me ilusiona que tiemblen por mí.

Viva luz de mi ilusión,
Sé piadosa con mi amor,
Porque no sé fingir,
Porque no sé callar,
Porque no sé vivir.

6.12.09

Shostakovich: La más noble tradición soviética


Russia 2000 - Stamp Dmitri Shostakovich - Марка, Россия, 2 рубля 50 копеек. Дмитрий Дмитриевич Шостакович.

Un crítico de The Guardian analiza con agudeza su legado.

Gerard McBurney. The Guardian.


Dmitri Shostakovich es una figura fascinante: vivió y compuso su música durante los años más interesantes del siglo XX. Nació en la San Petersburgo prerrevolucionaria, vivió los acontecimientos de 1917, y comenzó a componer seriamente a mediados de la década de 1920, cuando la vanguardia soviética estaba en su apogeo. Perteneció al mismo mundo que algunas de las figuras clave de la cultura de esa época, incluyendo a uno de los mayores directores teatrales de todos los tiempos, Vsevolod Meyerhold, y a un cineasta legendario: Sergei Einsenstein. Sus primeras obras habitan el mismo reino maravillosamente experimental que ellos. Su Primera Sinfonía, de 1925, le valió al joven compositor una fama inmediata tanto en Europa Occidental como en Estados Unidos.

Como muchos artistas de su época, su lenguaje musical se desenvolvía aceleradamente. A Shostakovich le afectó, por ejemplo, la urgencia de simplificación que se advierte en muchos compositores de los años 30. Hasta tal punto fue así que su composición épica, la Séptima Sinfonía (Leningrado) fue considerada lo suficientemente directa y comprensible como para ser elegida para formar parte de la propaganda de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial, hecho que le dio renombre internacional. Sobrevivió a Stalin y después, para decepción de sus amigos y regocijo de sus detractores, perdió credibilidad dentro y fuera de Rusia cuando aceptó los homenajes y lisonjas oficiales y se afilió al Partido Comunista en 1960.

En sus últimos años se debatió luchando contra la enfermedad y el aislamiento, lo que podría ser una de las razones de que sus últimas composiciones se caracterizaran por una poética desolación, que al principio desconcertó a su público pero que ahora sus admiradores encuentran ambigua y sugestiva. Y por último, este hijo de los comienzos del siglo XX vivió y compuso lo suficiente como para que en sus últimas obras, como la Sinfonía Nº 15, de 1971, o el 15º Cuarteto para cuerdas, de 1974, se advirtiera que su música empezaba a mirar hacia la incierta mezcla cultural de nuestra época: el llamado "posmodernismo".

Sin embargo, ese nuevo sesgo no habría de gustar a todos. Cualquier europeo occidental educado dentro del refinado consenso estético del período de la Guerra Fría, recordará que sus maestros y mentores subestimaban a Shostakovich y lo consideraban un compositor de poca monta: un kapellmeister, sucesor si se quiere de Hindemith y Prokofief, pero no tan bueno como ellos. Y desde luego, no debía ser considerado un compositor a la altura de los grandes dioses del modernismo: Schoenberg, Bartok y Stravinsky. Hace apenas seis años, Pierre Boulez declaró que el difundido interés por el compositor ruso estaba "influenciado por la dimensión autobiográfica de su música". Para él, ese entusiasmo era una moda y duraría poco, porque su obra no era más que una "tercera prensada de Mahler", una alusión al proceso para extraer el aceite de oliva menos sabroso y más barato.

Dmitri Shostakovich

A pesar de las condenas, la ola de entusiamo por su música, que empezó a correr hace unos 20 años entre público e intérpretes, parece seguir creciendo. Hay infinidad de sitios web, blogs, libros y eventos dedicados a este compositor, con aniversario o sin aniversario. Y también hay muchos intérpretes que tocan su obra. Además de los músicos de orquesta, están los numerosos jóvenes y brillantes solistas, espe cialmente los ex soviéticos, que agradecen que Shostakovich les haya brindado un material que les permitió desplegar su talento ante el mundo. De un modo más bien curioso, como me dijo hace pocos días la musicóloga de San Petersburgo Olga Manulkina, Shostakovich se ha convertido en el Chaikovsky del siglo XX.

En primer lugar, hay que tener en cuenta lo que Boulez llamó "la dimensión autobiográfica": muchos melómanos consumen música y la disfrutan debido a su personal identificación con lo que imaginan que son las confesiones de sus compositores favoritos. Pero es posible establecer una conexión más interesante entre estos dos compositores. En el corazón mismo de la música de Chaikovsky y de Shostakovich se percibe una técnica elevada y una gran fluidez, junto con una afición a mezclar contextos e ideas cultas con elementos corrientes y menores: trozos de operetas, melodías populares, marchas baratas y música de organilleros. Para algunos oyentes —entre los que me incluyo— esa ambigüedad es fascinante. Otros, en cambio, abominan de ella.

Hoy en día es probable que la reputación de Chaikovsky sea mejor que la de Shostakovich, principalmente porque el primero vivió mucho antes que el segundo. La repugnancia por la música de Chaikovsky de que hicieron gala los primeros comentaristas, por lo general acrecentada por su prejuicio contra la homosexualidad, ha empezado a desvanecerse. Poco a poco, a lo largo del siglo XX, hemos aprendido a ver su enorme, proteico, imprevisible talento como algo en sí mismo, con fallas, de ningún modo inmune a la crítica seria, sino consecuencia de lo que deberíamos tener el coraje de llamar "genialidad".

Lamentablemente, en el caso de Shostakovich la dura tarea de despejar las malezas de la crítica académica acaba de comenzar. Con Shostakovich tenemos algo que no es posible con Chaikovsky: una vasta red de tradiciones de interpretación físicamente vinculadas con el hombre mismo. Shostakovich murió hace 31 años. Todavía hay muchas personas (no solo rusas) que lo recuerdan bien; muchos tocaron bajo su orientación. El mismo fue un pianista vigoroso, y todavía viven algunos músicos, como Rostropovich, que hicieron música con él. Aún pertenecemos, aunque no por mucho tiempo más, al mundo que él conoció y al aire musical que respiró. Es esto lo que debemos apreciar de Shostakovich; y es esto también lo que da sentido a las próximas celebraciones de su música: nuestra cercanía con él en el tiempo.

Traducción: Ofelia Castillo

Dmitri Shostakovich

Dmitri Shostakovich (Novosty) in The New Shostakovich, Ian McDonald (Northeastern University Press, 1990).


"Music must break down silence" Dmitri Shostakovich


Shostakovich: Symphony 7 In C, Op. 60, "Leningrad" - 1. Allegretto (Extract).


Su Sinfonía nº 7 en do mayor, opus 60, Leningrado (1942), compuesta durante el asedio a Leningrado en la II Guerra Mundial, obtuvo un gran éxito. En 1948 su música fue atacada de nuevo por razones políticas y tuvo que volver a prometer que reformaría su estilo. Parece que lo consiguió, ya que en 1956 recibió la Orden de Lenin, máximo galardón soviético y paso a convertirse en el principal compositor soviético de mediados del siglo XX. Recibió asimismo varios Premios Stalin y en 1966 fue el primer compositor que recibía la condecoración de héroe del trabajo socialista.

Shostakovich compuso un total de quince sinfonías, quince cuartetos para cuerdas así como música de cámara, seis conciertos, siete operas y música para cine.



«Una imagen de guerra»

Por JUSTO ROMERO. Fuente: www.elmundo.es

Así define Dmitry Shostakovich (1906-1975) su descarnada y descriptiva Séptima sinfonía, Leningrado, que concluye a finales de diciembre de 1941, en plena invasión de la Unión Soviética por las tropas de Adolf Hitler. Pocos días después, a principios de 1942, durante el terrible asedio de San Petersburgo por las tropas alemanas, Shostakovich detalla sus intenciones con esta obra: «He querido crear una obra que reflejara el heroísmo de nuestra gente, su lucha por la victoria sobre el invasor. Mientras trabajaba en la sinfonía pensaba en la grandeza de nuestro pueblo, en las más altas virtudes del hombre, en la naturaleza, en el humanismo y en la belleza. Dediqué mi Séptima sinfonía en Do mayor a nuestra lucha contra el fascismo, a nuestra victoria cercana, a mi ciudad natal de Leningrado».

La sinfonía es así una sinfonía de guerra, de actualísima denuncia de los horrores que ésta genera. Cuatro movimientos impresionantes, en los que se siente el terror y la desolación. Pero también el triunfo de la civilización, de los ideales y de las ideas sobre esa locura. Las disonancias y estridencias armónicas con las que Shostakovich describe el horror son verdaderas pinceladas goyescas.

El inmenso primer movimiento -cerca de media hora- es un crescendo en el que se presiente y siente el imparable avance del enemigo.La terrible máquina de guerra nazi desola la patria soviética.Se trata de una marcha mecánica desnuda de expresión, que se repite hasta 11 veces, cada una de ellas más atronadora y cercana, en un proceso de enriquecimiento sonoro al que se van sumando nuevos instrumentos de la orquesta, de un modo similar al empleado por Ravel en su Bolero. Cerca ya del final, un largo y bellísimo solo de fagot cercena la ferocidad del invasor y se convierte en un soliloquio en el que el infortunado pueblo ruso reflexiona en intimidad sobre su sino adverso.

Como contraste, Shostakovich renunció en el segundo movimiento a cualquier connotación de índole descriptiva. «Se trata», escribe el compositor, «de un intermedio lírico y bastante dulce».

El tercer movimiento es de carácter casi religioso. Se inicia con un coral cantado por los instrumentos de madera. Sin embargo, el ambiente calmo, casi elegiaco de este comienzo, queda pronto vulnerado por la irrupción de algunas visiones de guerra descritas en el primer tiempo. Los tintes dramáticos se tornan casi hímnicos en el cuarto y último movimiento, un Allegretto non troppo que se inicia levemente pero que en su desarrollo llega a convertirse en verdadera profecía de la victoria final.

Espectacular y vibrante, es cuestionada por ciertos ortodoxos que opinan que su celebridad no obedece a valores musicales, sino a las connotaciones ideológicas e incluso políticas de una obra que, en cualquier caso y pese a estas voces, sobrevuela con infinita amplitud cualquier circunstancia puntual.

La sinfonía llega a los lectores de EL MUNDO a través de una versión tocada por la Orquesta Nacional de Washington y dirigida por Mstislav Rostropovich (1927), quien es uno de los personajes vivos que más y mejor conoció al glorioso camarada y Artista del Pueblo de la URSS Dmitry Dmitrievich Shostakovich.

Rostropovich, que desertó de la URSS en 1974 y pasó por el trance de ser desposeído de su nacionalidad y convertirse de héroe nacional a casi un delincuente, recuerda a EL MUNDO cómo su amigo Shostakovich le recomendó que se dedicará a la composición: «Me animó muchas veces a componer, pero nunca me he arrepentido de no seguir su consejo. Pienso que es lo más sabio que jamás he hecho: no hacerle caso en este sentido».

El célebre violonchelista y director de orquesta tomó la titularidad de la Orquesta Sinfónica Nacional de Washington en 1977. Inmediatamente asumió el proyecto de grabar las 15 sinfonías de Shostakovich, ciclo que él despoja de connotaciones políticas. «Todo es falso», rechaza, «ese cacareado contenido político en las sinfonías de Shostakovich no existe. Las acotaciones que hacía en sus partituras eran porque no tenía otra salida, de alguna manera estaba obligado a incluirlas».


3.12.09

Dmitri Shostakovich


Dmitri Shostakovich - Romance from The Gadfly
Thank very much for the attention !!!


Shostakovich Dmitri. Romance from the film "The Gadfly". Arranged for cello (Viola) and piano by Alexey Lazko.
  • Autor(s): Shostakovich Dmitri
  • Editado por Kompozitor (SPb.) en 2009
  • 4 páginas, Paperback
  • EAN: 9781001547022
Puedes conseguirlo en : http://www.ruslania.com/language-7/entity-6/context-161/details-154702.html

Romance from the film "The Gadfly"

Shostakovich 7th Symphony

Cuando Alemania atacó la URSS en 1941, Shostakóvich permaneció inicialmente en Leningrado durante el asedio y comenzó su Séptima sinfonía, conocida precisamente como Leningrado. En octubre de 1941, el compositor y su familia fueron evacuados hacia Kúybishev (ahora Samara), donde terminó su trabajo, que fue adoptado como símbolo de la resistencia rusa tanto en la URSS como en Occidente.




Valery Gergiev conducts Shostakovich's 7th Symphony which salutes the sacrifices made during the Great Patriotic War as survivors of the Siege of Leningrad describe the first performance of this great symphony.


En julio de 1941, antes del asedio de Leningrado, Dimitri D. Shostakovich inicio su séptima sinfonía. Con su música quería recordar a las innumerables victimas de la guerra y hacer perenne la imagen de su país en lucha.

Cuando Shostakovich, a la sazón profesor en el conservatorio de Leningrado, se entero del ataque de la Alemania de Hitler contra la Unión Sovietica, quiso alistarse de inmediato en el ejercito rojo, pero su solicitud fue rechazada. Las autoridades sabian que un músico tan admirado por su pueblo podía hacr mucho mas contra el enemigo con sus composiciones que luchando en los campos de batalla.

Inmediatamente después de iniciarse los preparativos para la defensa de Leningrado, Shostakovich se dedico a terminar su nueva sinfonía. Aunque lo instaron a abandonar la ciudad, el permaneció en ella y escribió los tres primeros movimientos mientras el cerco se estrechaba mas. Solo tras la orden expresa de evacuación decidió trasladarse con su familia a Kuibisshev, donde finalizo su obra. Allí se hallaba también la orquesta filarmónica de Leningrado, por lo que los ensayos pudieron realizarse a ritmo acelerado. El estreno se anuncio como el acto de resistencia de una nación entera y, en medio de un nutrido fuego de artillería, fue seguido por los hambrientos habitantes de Leningrado a través de sus aparatos de radio, el 5 de marzo de 1942.

en un principio, Shostakovich antepuso a los cuatro movimientos de la obra los títulos Guerra, Recuerdos, Horizontes de la patria y Victoria., aunque luego los elimino, probablemente para evitar una utilización política de su sinfonía, que, sin embargo, finalmente no pudo evitar. entre otras cosas, porque el mismo había anunciado en tono patriótico: “mi arma es la música” la partitura fue copiada en un microfilme y llevada secretamente a los Estados Unidos, donde Arturo Toscanini tenia de su parte a la NBC que poseía los derechos dele estreno. El estreno estadounidense se celebro el 19 de julio de 1942 en Nueva York, y mas de 50 millones de personas escucharon la obra por radio. Hasta finales de año, la sinfonía se interpreto sesenta veces en el continente americano; pero aun no había sonado en directo en Leningrado, la ciudad a la que Shostakovich se la había dedicado.

Por segunda vez fue ejecutada en Moscú, el 29 de marzo de 1942. En el asediado Leningrado se podía escuchar ese concierto por radio. En el Comité de Radiodifusión, junto al altoparlante se reunieron quince músicos, un puñado de hombres que quedó de la orquesta de la radio. Algunos peleaban en el frente, muchos murieron a causa de bombardeos, frío y hambre. Hacía un frío de 35 grados tanto afuera como en el local y la ración era de 125 gramos de pan por persona: así era la aritmética de aquel invierno del asedio de 1941-1942. He aquí la historia: el primer violín se está muriendo, el tambor murió camino al trabajo, el trompa está a punto de morir". Es uno de los informes sobre el estado de la orquesta que le dictaba a la mecanógrafa Yákov Bábushkin, el director artístico del Comité de Radiodifusión. El 29 de marzo, se encontraba entre los quince quienes escuchaban el concierto que se transmitía de Moscú, y precisamente a él se le ocurrió la idea de ejecutar la Sinfonía de Leningrado en Leningrado, idea absurda desde el punto de vista del sentido común. La Séptima Sinfonía es una composición complicada, larga (de más de 70 minutos de duración) con participación de muchos instrumentos de aire, los que requieren para su ejecución un trabajo muy duro, incluso de hombres fuertes y sanos,. Sin embargo, aquellos hombres extenuados por el hambre, las enfermedades y los infinitos bombardeos, tenían su propio concepto de las posibilidades humanas y el deber civil.

Empezó la labor en la que participaba toda la población de la urbe. Desde la primera línea del frente se delegaban músicos, se les organizaba una alimentación complementaria y les mejoraban como podían las inhumanas condiciones de vida. Personas desconocidas traían pan y grano a los músicos: lo más preciado que había en aquella época. El director de orquesta, Karl Eliasberg, ensayaba mucho, de manera dura, exigiéndole a la orquesta la máxima profesionalidad, como si no quisiera tomar en consideración las circunstancias de la vida, incompatibles, al parecer, con esa misma vida.

Llegó el 9 de agosto. Este día los alemanes planeaban ocupar la ciudad e incluso habían preparado invitaciones al banquete en el restaurante "Astoria". ¡Vanas esperanzas! En lugar de ello, en Leningrado se celebró una fiesta totalmente distinta: la primera ejecución de la Séptima Sinfonía de Dmitri Shostakóvich. La sala estaba repleta: combatientes de la defensa antiaérea en chaquetas de algodón con caretas antigas en sus bolsos al costado, infantes armados, marinos y los habituales frecuentadores de la filarmónica. Durante la ejecución mucha gente lloraba. Aquellas lágrimas costaban caro. La gente que ya no lloraba en horas de desgracia, lloraba de felicidad, conmovida por la música y el mero hecho de su presencia en la sala de la filarmónica, con sus columnas blancas, divanes de terciopelo rojo, oro de las trompetas y trompas. Esa era la vida anterior, de preguerra, y esa vida volvió. Parecía que la música les decía: el mal es inmenso e implacable, pero tarde o temprano acabará...

Había una circunstancia más de aquella vida pacífica: durante todo el concierto no sonó la señal de alarma. Más tarde se conoció que aquel día los artilleros que defendían la ciudad, ejecutaron su propia "sinfonía de fuego". Tres mil cañones abrieron fuego contra las baterías del enemigo con arreglo a una "partitura" minuciosamente elaborada, y no permitieron a los alemanes hacer fracasar el estreno.

Terminada la guerra, se aclaró que incluso en las trincheras alemanas que cercaban la ciudad, se podía escuchar la Séptima Sinfonía que se transmitía por radio. Veinte años después, en el mismo restaurante "Astoria" en que se planeaba celebrar el banquete con motivo de la toma de Leningrado, y donde en el invierno de 1942 salvaban de la muerte a Karl Eliasberg, se alojaron dos ingenieros alemanes, soldados veteranos. Querían ver al director de la orquesta que en la asediada ciudad ejecutaba la sinfonía que les infundía temor y dudas: ¿Valió la pena venir a tierra ajena con armas en mano? Quedó claro que no.

En sus memorias, publicadas póstumamente en 1978, Shostakovich desbarato la propaganda bélica soviética al escribir:”No tengo nada en contra de que se llame a mi séptima sinfonía la de Leningrado. Pero su argumento no es el bloqueo. Es Leningrado, la ciudad que Stalin destruyo. Hitler solo puso el punto final.

Fuente: Nuestro Siglo 1940-1949. Plaza y Janes. 2000.
http://novostiar.com.ar/archivo/n49/text/a7.htm



23.11.09

Caballé as Salome by Strauss


Montserrat Caballé as Salome sings Final Scene by Richard Strauss (1864-1949).
Teatro de la Zarzuela de Madrid. May 1979 Montserrat Caballé as Salome, Fritz Uhl as Herodes, Josephine Veasey as Herodias, Julius Rudel, conductor .

Salomé, musikdrama en un acto con libreto de Hedwig Lachmann sobre el drama homónimo de Oscar Wilde.

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13.11.09

Música en el Muro de la memoria


La puerta de Brandeburgo - La puerta de Brandeburgo, ayer, durante el concierto de Bon Jovi, protagonista musical, junto con Daniel Barenboim, de la ceremonia del 20º aniversario de la caída del Muro.Reuters.

AGUSTÍ FANCELLI (enviado especial) - Berlín - 10/11/2009 . El Pais-España

A juzgar por los atuendos, el frío de hace 20 años y el de ayer en Berlín eran poco menos el mismo. Sólo que ayer, además, llovía: una lluvia finísima, de esas que se ensañan con los huesos hasta dejarlos estremecidos. Pero los berlineses parecen estar tan acostumbrados al mal tiempo como a las grandes citas con la historia. Por supuesto, ayer acudieron en masa a la puerta de Brandeburgo y los aledaños del Reichstag para no perderse la Fiesta de la Libertad, que así fue bautizada la conmemoración de la caída de un Muro vergonzante que resistió durante 28 años, dos meses y 27 días.

Hacía falta un alemán libre de toda sospecha: Beethoven.

Un par de horas antes de que comenzara la fiesta, dar un paso en el lugar de autos era una hazaña prácticamente imposible, tanto como hacerse con una bebida o un bratwurst en alguno de los numerosos chiringuitos. La gente guardaba cola bajo el agua con esa paciencia tan ejemplar como desconocida en otras latitudes. Las sirenas de la policía aullaban sin cesar y los controles de bolsos y mochilas se repetían de tramo en tramo, pero la excepcionalidad no lograba alterar en ningún momento el sentido de orden general de la ceremonia.

Daniel Barenboim compareció en el podio a las siete de la tarde clavadas. No podía ser nadie más. Por ser el director titular de la Staatskapelle de Berlín que actuaba ayer, pero no sólo por eso. Argentino de nacimiento, trasladado a Israel a los 10 años, director y pianista a la vez, probablemente nadie encarna más intensamente el diálogo intercultural: él interpretó por primera vez a Wagner en Israel, él dirigió en 2005 a la West-Eastern Divan Orchestra -el conjunto que fundó con Edward Said en 1999, integrado por músicos israelitas y de los países árabes-, en un lugar tan dramáticamente simbólico como Ramala.

El espectáculo se abrió con el festivo preludio del tercer acto de 'Lohengrin'.

Ayer Barenboim se sentía a sus anchas. La música tuvo un papel muy destacado hace 20 años: la imagen de Mstislav Rostropóvich a los pies del Muro interpretando la Suite número 2 de Bach, forma ya parte de la historia, como también es historia la Novena de Beethoven que Bernstein dirigió el 25 de diciembre de ese año en la zona oriental, retransmitida por la televisión y con audiencias que batieron récords históricos. Fue en ese concierto cuando la palabra freude (alegría) de la oda de Schiller fue substituida por freiheit (libertad). El propio Barenboim se hallaba en la ciudad aquel 9 de noviembre para dirigir a la Filarmónica. Pocos días después ofreció un concierto para ayudar económicamente a los berlineses del Este.

Naturalmente, director y músicos actuaban ayer a cubierto, bajo una carpa transparente que recordaba a la cercana cúpula del Reichstag. El espectáculo se abrió con el festivo preludio del tercer acto de Lohengrin de Wagner. Pero si el autor de la Tetralogía podía introducir connotaciones de un germanismo poco grato, pronto vino la pieza de Arnold Schönberg Un superviviente de Varsovia, para recitador -Klaus-Maria Brandauer, mefistofélico en su largo abrigo y una gruesa bufanda- y coro -el de la Staatsoper-. Escrita en el exilio americano, esta pieza, de ocho minutos de duración, le vino como anillo al dedo a Barenboim para recordar otro 9 noviembre, éste nada exultante: el de 1938, conocido como "la noche de los cristales rotos", cuando en Alemania y Austria se lanzó el pogromo contra los judíos que estuvo en los orígenes del Holocausto. La carga política de la actuación tal vez había asumido en ese punto una densidad excesiva. Por eso, hacía falta introducir la música de un alemán universal libre de toda sospecha: Beethoven. Barenboim y sus músicos atacaron con energía el allegro con brío de la Séptima sinfonía. El concierto debía concluir con una pieza especialmente encargada para la ocasión de Friedrich Goldmann, reconocido compositor de la Alemania oriental, fallecido en julio pasado, que ya anteriormente había afrontado compromisos similares (por ejemplo, en la Expo de Hannover de 2000). El título de la obra de Goldmann era programático: Es ist als habe einer die Fenster aufgestossen, esto es Es como si alguien hubiera abierto con fuerza las ventanas. A nadie podía escapársele la metáfora.

Una gran carpa transparente protegió a los músicos del frío.

Fuera de programa estaba reservada una sorpresa: la actuación de Plácido Domingo, que estos días ha recalado en Berlín para cantar Simon Boccanegra. Iba a ser la guinda de la parte musical, y Barenboim y Plácido no la desperdiciaron: atacaron la popular marcha Berliner Luft (El aire berlinés) de la opereta Frau Luna, de Paul Lincke, por supuesto invitando al público a sumarse a la canción. Fin del concierto: eran las 19.30, ni un minuto más ni uno menos. Fin del concierto clásico, conviene aclarar, pero no de la música, pues ahí estaba también Bon Jovi para poner una nota pop al evento de la noche berlinesa.

Pasaban pocos minutos de las nueve de la noche cuando el inmenso dominó con piezas de 2,5 metros de altura decoradas con múltiples motivos empezaron a caer una tras otra, y de nuevo la metáfora de la reacción en cadena que causó aquel 9 de noviembre de 1989 se hizo evidente. Los fuegos artificiales que siguieron proyectaban sugestivas formas sobre la espesa niebla. Seguía lloviendo sin compasión. Entre la multitud, una voz española captada al vuelo: "También podía haberse caído el Muro en verano".

Las piezas de un inmenso dominó simbólico cayeron una tras otra.

Berlín celebra el 20º aniversario de la caída del Muro

La Puerta de Brandeburgo, escenario central de las celebraciones del vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín.


Los ciudadanos pasean junto al dominó gigante que recorre el trazado original del Muro.Foto: Agencias

Combinación con algunos de los murales de la East Side Gallery, la sección más extensa del Muro que sigue en pie. Foto: Agencias

El ex presidente de la URSS Mijail Gorbachov, junto a un busto instalado en Berlín en su honor.Foto: Agencias

Un Trabant, el vehículo más popular en la RDA, pasa junto a la East Side Gallery, la sección más extensa del Muro que sigue en pie.Foto: Agencias

Cae el dominó.Foto: Agencias



Los ciudadanos pasean junto al dominó gigante que recorre el trazado original del Muro.Foto: Agencias

El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música


Cubierta de la novela «El ruido eterno»

La salida a la calle del libro El ruido eterno ha sido precedida de un movimiento de opinión al que no estamos acostumbrados los que lidiamos con publicaciones de historia de la música, y menos aún si ésta se trata de la del siglo XX.

Páginas y páginas de prensa, advertencias de un éxito editorial en EEUU digno de un “best seller”, elogios de comentaristas de todo tipo (que, por lo visto, por primera vez entienden algo) y, con todo ello, citas y resúmenes que nos hablan de un libro que “explica de una vez por todas” lo que ha sido el tormentoso siglo en música, así como las razones de que el arte de los sonidos no haya estado a la altura de la penetración que sí han tenido otras artes no por ello menos vanguardistas o de fácil discurso.

Se une a ello una acción editorial muy rápida por parte de la casa española, la histórica Seix Barral. con tres ediciones desde su aparición en septiembre. Y para que no faltara nada, se ha contado con un traductor de lujo, Luis Gago, una de las personas que, si se lo hubiera propuesto, podría haber escrito él un libro análogo, expertísimo traductor de temas musicales y muy capaz de trasladar la prosa brillante del autor, Alex Ross. Y puestos a que no falte de nada, se han traído al autor a realizar una gira de promoción. Nada que objetar, todo lo contrario, ojalá estas cosas pasaran más a menudo.

Ahora bien, ¿qué clase de libro es éste y quién es su autor? Ross es un excelente crítico musical neoyorquino, curtido en las páginas de New Yorker, New York Times y otros medios excelsos. Es decir, es una primera pluma en su especialidad. Como corresponde a la tradición anglosajona y a la excelencia que precisan medios de comunicación tan elevados, está tan versado en los intríngulis de lo que defiende como en la divulgación de esas materias. Así pues, se trata de un libro de muy alto nivel, tanto en la sustancia y la enciclopédica materia del libro como en el poderío divulgador típicamente americano.

En el chorreón de elogios vertidos por algunos comentaristas ocasionales españoles, se le atribuye a El ruido eterno una suerte de tesis según la cual Ross plantea que el “pop” es la clave del siglo, y ¡para qué queremos más! Digamos de entrada que algo de eso hay, pero el pop que señala Ross es la parte más excelsa del fenómeno y está muy bien relacionado con los momentos históricos correspondientes.

Para un neoyorquino decir que Velvet Underground tiene parentescos innegables con el movimiento minimalista es tan normal como obvio. Por no hablar de las relaciones entre Duke Ellington y Gershwin (muy malas, por cierto, en el plano personal). Y a quién le puede ofender hoy día ver mencionados a Los Beatles o a Bob Dylan junto a Berio o Ligeti…

Pero así son las cosas, unos cuantos ejemplos, muy bien enganchados, además, han servido para hacer de este libro una Biblia del cambio de poderes, de la clásica al pop.

Para Ross, no obstante, el verdadero cambio de poderes se encuentra entre la crisis europea y el vitalismo americano que se hizo con las riendas de una cultura musical contaminada de “tics” elitistas y resueltamente antipopulares. En EEUU, Ross encuentra ese punto de enlace entre lo popular y lo culto sin lo que una verdadera cultura se angosta.

Pero, digámoslo claramente, El ruido eterno no es un libro de tesis, mantiene el citado punto de vista porque es consustancial a un americano. Pero es, ante todo, una historia de la música del siglo XX, contada con desparpajo y libertad; con un tono de artículo de prensa profundo pero no oscuro, y con un afán de exhaustividad que lo lleva a pasar de las 700 páginas sin dejar de interesar.

Son brillántísimos los momentos dedicados al análisis de la relación entre música y las dos grandes dictaduras del siglo, la nazi y la soviética; interesará mucho al buen aficionado español la gran cantidad de datos que proporciona sobre la vida musical estadounidense (como esos capítulos dedicados a los compositores denominados del Frente Popular, o del New Deal); su magnífica penetración de los focos europeos de la Viena de principio de siglo, la República de Weimar o la vanguardia de Darmstadt; así como unas notables y respetuosas menciones a la homosexualidad en la música del siglo XX (el propio Ross confiesa serlo), y algo menos al advenimiento de la mujer en la composición. En realidad, desde el punto de vista social, apenas quedan fenómenos del siglo XX que se le escapen.

Y si lo más destacado del libro es su carácter de divulgación (en el mejor sentido de la tradición americana), no escasean tampoco los análisis musicales y los intentos de decirle al que no entiende qué demonios es eso del serialismo, el normal y el integral, la politonalidad o lindezas como estas. Tampoco es un libro “revisionista”; Ross está claramente del lado del eclecticismo, pero no denigra ni arrincona a las vanguardias; mejor dicho, las sitúa en su contexto histórico sin rociarlas con aprioris actuales.

Es, pues, un libro de crítico y de periodista cultural (en ese sentido tan noble que aquí se ha perdido o que, quizá, apenas ha existido) y, sobre todo, es una panorámica espectacular por su profusión de datos, muchos de ellos convertidos en anécdota de calidad. Si uno es un profesional de esto, muchas cosas de las que se cuentan las sabe ya, pero no todas, lo puedo certificar. Y si uno es un aficionado con una buena dosis de curiosidad, El ruido eterno es un libro perfecto, ameno y claro hasta donde es posible y, con frecuencia, divertido sin dejar de ser serio.

Queda una última cuestión, ¿es esto suficiente para que este libro se haya convertido en un fenómeno editorial y aspire a vender centenares de miles de ejemplares con un tema con el que otros se quedan en decenas? No lo sé, pero estoy seguro de que esto no puede ser malo.

El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música. (www.therestisnoise.com)
Alex Ross, traducción Luis de Gago.
Seix Barral, Madrid, 2009

Por Jorge Fernández Guerra.
Compositor, comentarista musical y, actualmente, director del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea. Doce Notas.


Alex Ross - Foto Mark Mahaney

Mas datos y la ficha del libro que presenta su editorial Seix Barral

«El ruido eterno»
Autor: Alex Ross
Editorial: Seix Barral
Traducción: Luis Gago
Colección: Los Tres Mundos
Género: Ensayo
Páginas: 800
PVP: 24,00 euros

¿Quién es Alex Ross?
Nació en Washington D. C. Desde 1996 es crítico musical del New Yorker. Escribió para el New York Times desde 1992 hasta 1996. Ha sido galardonado con numerosos premios, como tres ASCAP-Deems Taylor Awards por su crítica musical, la Genius Fellowship de la MacArthur Foundation, la Holtzbrinck Fellowship de la American Academy en Berlín, la Fleck Fellowship del Banff Centre y una Letter of Distinction del American Music Center por su contribución al campo de la música contemporánea. Ha sido profesor de escritura en la Universidad de Princeton y ha recibido un doctorado honorífico de la Manhattan School of Music. Actualmente vive en Manhattan.

La banda sonora del siglo XX
Puedes escucharla en:
- Spotify
- The Rest is Noise
O buscarla en tu tienda de discos favorita, sigueindo la lista de Álex Ross:
— Mahler, "Ich bin der Welt abhanden gekommen" from Rückert Lieder; Kathleen Ferrier, Bruno Walter conducting the Vienna Philharmonic (Decca)
— "Ah! Ich habe deinen Mund geküsst, Jochanaan" from Salome; Hildegard Behrens, Herbert von Karajan conducting the Vienna Philharmonic (EMI) — Schoenberg, Six Little Pieces Op. 19: II; Mitsuko Uchida (Philips)
— Webern, Six Pieces for Orchestra Op. 6: IV; James Levine conducting the Berlin Philharmonic (DG)
— Stravinsky, "Danse sacrale" from The Rite of Spring; Stravinsky conducting the Columbia Symphony (Sony)
— Bartók, String Quartet No. 4: III; Takács Quartet (Decca)
— Stravinsky, "Marche du Soldat" from Histoire du Soldat; Stravinsky conducting the Columbia Symphony (Sony)
— Ives, "The 'St. Gaudens' in Boston Common" from Three Places in New England; Michael Tilson Thomas conducting the San Francisco Symphony (RCA)
— Sibelius, Symphony No. 5: III; Osmo Vänskä conducting the Lahti Symphony (BIS)
— Weill, "Alabama Song"; Lotta Lenya (Sony)
— Shostakovich, Symphony No. 5: IV; Leonard Bernstein conducting the New York Philharmonic (Sony)
— Copland, Quiet City; Copland conducting the London Symphony (Sony)
— Messiaen, "Louange à l'éternité de Jésus" from Quartet for the End of Time; Ensemble Walter Boeykens (Harmonia Mundi)
— Xenakis, Metastaseis; Michael Gielen conducting the SWR Symphony (col legno)
— Cage, Sonatas and Interludes: Sonata No. 5; Herbert Henck (ECM)
— Feldman, Madame Press Died Last Week At Ninety; John Adams conducting the Orchestra of St. Luke's (Nonesuch)
— Britten, "On the ground, sleep sound" from A.

Presentación en España a cargo de la Embajada de los EE.UU. en España, Editorial Seix Barral, Instituto Internacional Miguel Ángel.