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16.6.10

Marc Chagall (1887 - 1985)


Marc Chagall - Autorretrato
Museo: Galería de los Uffizi. Florencia


Pintor y diseñador francés de origen ruso, conocido por su inventiva surrealista. Se le reconoce como uno de los pintores y artistas gráficos más relevantes del siglo XX. Su trabajo está impregnado de un humor y una fantasía que encuentran su resonancia en el subconsciente. Las personales y singulares imágenes de Chagall están a menudo imbuidas de una exquisita inspiración poética. Chagall nació en el seno de una familia judía el 7 de julio de 1887, en la ciudad rusa de Vitebsk (actualmente en Bielorrusia), y recibió instrucción artística en San Petersburgo y, desde 1910, en París, donde permaneció hasta 1914. Entre 1915 y 1917 vivió en San Petersburgo, después de la Revolución Rusa, fue director de la Academia de Arte de Vitebsk de 1918 a 1919 y director del Teatro Judío Estatal de Moscú de 1919 a 1922. Chagall pintó varios murales y llevó a cabo los decorados de numerosas producciones teatrales. En 1923 se trasladó a Francia, dónde pasó el resto de su vida, exceptuando un periodo, de 1941 a 1948, en el que vivió en Estados Unidos. El uso singular del color y la forma en Chagall deriva en parte del expresionismo ruso y recibió una influencia decisiva del cubismo francés.

Muestra de su estilo inicial es el cuadro Velas en la oscuridad (1908, colección del artista), del que hizo sutiles variaciones. Sus obras evocan de modo característico escenas de la vida de la comunidad judía en las pequeñas aldeas rusas, como en Yo y la aldea (1911, Museo de Arte Moderno de Nueva York) o La casa gris (1917, Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid), y episodios de su propia vida como la serie Mi vida (1922), todo ello unido al tratamiento de personajes judíos de los que es buena muestra El judío orando (1914, Instituto de Arte de Chicago). Su obra es una combinación de evocaciones, fantasía y folclore. Los temas bíblicos del Antiguo Testamento son el motivo central de las series de aguafuertes ejecutados entre 1925 y 1939, y de las 12 vidrieras para la sinagoga del Hospital Universitario. Hadassah, cerca de Jerusalén (1962). En 1973 se inauguró el Museo Marc Chagall de Niza, en la Riviera Francesa, para dar cabida a cientos de sus obras bíblicas. Chagall también ilustró obras literarias como Las almas muertas de Gogol y Las fábulas de Lafontaine. Terminó las pinturas que decoran uno de los techos de la Ópera de París en 1964 y en 1965 los dos grandes murales que cuelgan en el vestíbulo del Metropolitan Opera House de Nueva York.

Murió el 28 de marzo de 1985 en Saint Paul de Vence, en el sur de Francia. © eMe



2.7.09

Oskar Kokoschka


Oskar Kokoschka, Schlafende Frau (aus: Die träumenden Knaben), 1907/1908
Farblithografie 23,5 x 21,5 cm / Lentos Kunstmuseum Linz - © Fondation Oskar Kokoschka/VBK, Wien 2008

(Pöchlarn, 1886 - Montreux, 1980) Pintor expresionista y escritor austriaco. Aunque nació en Pöchlam, su familia se trasladó a Viena, donde transcurrieron su infancia y sus años de juventud y de formación.

Después de cursar estudios en la Escuela de Artes Aplicadas de Viena, donde realizó sus primeros retratos al óleo, Kokoschka pinta una serie de retratos expresionistas e inicia una intensa actividad pedagógica. En 1912, su obra ha empezado ya a ser conocida fuera de su país. Durante la I Guerra Mundial, es herido gravemente en el frente del Este. Consagrado plenamente a la pintura, viaja por numerosos países y, tras contraer matrimonio con Olda Palkovska (1941), adquirió la nacionalidad británica (1947), si bien en 1975 recuperó la ciudadanía austríaca. Murió en Montreux, Suiza, el 22 de febrero de 1980.

Su obra se sitúa inicialmente bajo la influencia del Jugendstil y, de forma muy directa, del pintor y decorador austríaco Gustav Klimt. Se unió al grupo Die Brücke y participó como ilustrador en la revista "Der Sturm". Entre sus obras destacan Retrato de Adolf Loos (1909), La esposa del viento (1914), El torbellino (1917), El poder de la música (1919), además de retratos de numerosos artistas, intelectuales y personalidades de la alta sociedad. Después de 1945, su pintura muestra los horrores de la guerra.

Kokoschka, que es uno de los grandes representantes de la pintura expresionista contemporánea, es también autor dramático (Asesino, esperanza de las mujeres, 1910; La esfinge y el espantapájaros, 1917) y publicó sus memorias con el título Mi vida. Biografías y vidas.

Oskar Kokoschka, Schlafende Frau (aus: Die träumenden Knaben), 1907/1908
Farblithografie 23,5 x 21,5 cm / Lentos Kunstmuseum Linz - © Fondation Oskar Kokoschka/VBK, Wien 2008


Oskar Kokoschka

La obra de Oskar Kokoschka nada tiene que ver con la convencional forma de observar el arte. Su obra es difícil de catalogar, huye de los encasillamientos.

Situarla dentro de un movimiento artístico, dentro de una tendencia, resulta casi imposible, precisamente porque lo novedoso, lo que diferencia a este pintor austriaco de otros, es su forma particular de ver el arte, no como algo externo a nosotros mismos, sino como algo inherente de nuestro ser. Su arte es un reflejo psicológico de las emociones y de la vida interior de cada individuo en un momento determinado. Su obra es, por tanto, metamórfica, está en constante evolución, y esto dificulta su interpretación.

Su particular juego con el observador consiste en seducirlo, en retarlo a descubrir la personalidad de cada retrato.

Oskar Kokoschka nace el 1 de marzo del 1886 en un pequeño pueblecito a orillas del Danubio: Pöchlarn. Sus años de infancia y adolescencia transcurren en una Viena convertida en centro del intelectualismo y de la decadente sensualidad de fin de siglo. Lo que pudo ser el catalizador de su arte, se desconoce. Sin embargo, algunas hipótesis señalan a Antón Romackos, por su expresividad y sobre todo por su profundidad. Lo cierto es que un buen día Oskar empieza a pintar, libre de tendencias, de formalidades técnicas y de estilo, consiguiendo que sus lienzos se conviertan en inconfundibles. Ni un punto de partida, ni un lugar, ni una escuela pueden hacer suyos los cuadros de este artista en una época de cambios, en una Viena pletórica de espíritu, de ideas, de música; en la Viena de Rilke, de Hoffmansthal, de Freud, de Schönberg, de Kafka. La 1ª Guerra mundial está a las puertas y esa cercanía produce una ruptura en todos los ámbitos haciendo tambalear los cimientos de la tradición.

La vida busca la inmediatez, haciendo despertar de ese modo la sensualidad más extrema, y también el escepticismo. Las relaciones personales se vuelven más inseguras, las formas sociales descubren su artificiosidad. Gustav Klimt, amo y señor de la vanguardia vienesa, precursor de un arte refinado y elegante al mismo tiempo que innovador, impregna de color la atmósfera vienesa influyendo también en la formación de nuevos artistas en la Kunstgewerbeschule, entre ellos, Kokoschka.

Una de las primeras creaciones de Oskar es “Alter Mann”, hombre viejo, en el que ya se manifiesta su lucha por la representación de la cara interna y también el primero de una larga serie de retratos que conseguirán hacernos visible un paisaje espiritual que pone al descubierto las debilidades de los seres humanos. Al mismo tiempo realiza carteles y postales para los Wiener Werkstätte (Talleres de Viena), que expondrá en 1908 en la Kunstschau vienesa, junto a una escultura y el libro “Die Träumenden Knaben”, unos chiquillos soñadores llenos de miedos y nostalgias. La expresividad brutal y punzante de esta obra despertará la ira del público y de la crítica, como lo hará también su primera incursión teatral: “Mörder, die Hoffnung der Frauen” (”El asesino, la esperanza de las mujeres”), obra pionera del expresionismo escénico. En 1909 conoce a Adolph Loos, su gran mecenas y descubridor e iniciador en el mundo del retrato. Será también quien lo pondrá en contacto con Herwarth Walden, el fundador de Der Sturm, uno de los únicos rotativos que abanderará su causa.

En los retratos tempranos de Kokoschka el color es sutil, casi transparente, dando sensación de inacabado y con un protagonismo significativo de la línea como elemento de expresión. Su método es el abrelatas psicológico, término forjado por él mismo y que consiste en observar al futuro retratado en su entorno y sin que éste advierta la presencia del artista. A destacar de esta época son los retratos de “Lotte Franzos”, de “Joseph de Montesquieu” o el de “Martha Hirsch”. Berlín, Der Sturm, Die Brücke y sobre todo Der Blaue Reiter hacen que su pintura evolucione poco a poco, que sus colores adquieran una solidez nueva, que contrasta con la palidez y casi transparencia de sus retratos anteriores, palidez que no abandonará del todo, pero que completará con una luminosidad poco usual, como “Alpenlandschaft bei Mürren” y la del retrato de “Alma Mahler”.

A causa de su precaria situación económica Kokoschka abandona Berlín y regresa a Viena en la primavera de 1911. Imparte clases en la Kuntsgewerbeschule (Escuela vienesa de artes y oficios) y expone con gran polémica en Hagebund. La crítica, furiosa, lo tilda tanto a él como a sus cuadros de miserables. Durante esta época mantendrá un tempestuoso y apasionado romance con Alma Mahler, viuda del compositor. Su historia finalizará de forma trágica: un aborto y la posterior entrada en filas de Kokoschka en enero de 1915. Las obras de este periodo, no son más que odas a ese amor y al final de éste. “Dos desnudos (Los amantes)”, “La tempestad” (”Die Windsbraut”), “Bodegón con amorcillo y conejo” y “El Caballero errante” (”Der Irrende ritter”).

Herido de guerra en 1916, y tras varios traslados a Viena y a Berlín, Kokoschka recala en Dresde, donde se relaciona con los ambientes intelectuales y artísticos de la ciudad: “Los exiliados” o “Los amigos”. Será también en este periodo cuando Kokoschka escriba su versión del mito de Orfeo y Eurídice, que posteriormente será adaptado como ópera por Krenek. Tras el despegar de la revolución en Rusia y de la posterior desilusión de muchos, otra nueva revolución se fragua a nivel personal, la del color. Acercándose cada vez más a los expresionistas alemanes, Kokoschka llena su obra de colores primarios: “El poder de la música”, “Madre e hijo (en el jardín)”, “La Muchacha esclava”, “Dresde, los puentes del Elba (con figura de espaldas)” o “Autorretrato con muñeca”.

El tolle Kokoschka como se le conoce en Dresde, abandona esta ciudad al desintegrarse la República de Weimar y se embarca en un largo periplo de siete años por Europa, el norte de África y Oriente medio. En este periodo es habitual en su obra el punto de vista elevado, ya sea una cima o un edificio, consiguiendo de esta manera una gran amplitud y distancia. Omnipresentes son también los ríos, arterias de vida discurriendo de siglo en siglo.

Hacia 1931 se instala de nuevo en Viena y realiza para el consistorio socialista el cuadro “Viena, vista a partir de Wilhelminenberg” (”Wien, vom Wilhelminenberg gesehen”), un retrato crítico de la ciudad y de unos niños jugando a diferentes juegos; imagen relacionada con las enseñanzas de Comenius de educar a la gente para que razone a partir del uso de sus cinco sentidos, ya que cada uno de los juegos retratados implica el uso de un sentido diferente. Esto nos anticipa la fundación de su Escuela de la Vista en Salzburgo, donde a los alumnos se les enseñará a abrir bien los ojos, a liberarse de prejuicios y de ideas de segunda mano.

Desencantado por la actualidad política de la época abandona Viena y se traslada a Praga. Tras el Anschluss, su regreso a Viena se hace imposible, y más cuando el Tercer Reich lo incluye en su exposición de Arte Degenerado. En Praga, ciudad que lo enamora, todavía se respiran aires de libertad y ese amor se plasmará en los innumerables retratos que dedicará a esta ciudad, así como a Olda Palkovska, su otro gran amor y futura esposa. Las obras más significativas de estos años son el “Retrato del presidente de la República checa”, “Masaryk” y “Autorretrato de un artista degenerado”. En Octubre de 1938 y poco antes de la anexión de Checoslovaquia al Tercer Reich, los Kokoschka se marchan a Londres, donde no permanecerán demasiado tiempo debido a su poco holgada situación económica. Tras el estallido de la guerra se instalan en la pequeña localidad costera de Polperro, en Cornualles, donde Kokoschka realizará numerosas acuarelas y donde se convertirá en activista para una Europa libre de las cadenas del nazismo.

Tras su obligado regreso a Londres en 1940, Kokoschka reaviva el fuego de su colaboración por las causas nobles, pronuncia discursos, escribe artículos, recauda fondos para causas humanitarias e incluye la sátira en sus obras. En “El huevo rojo” o en “Aquello por lo que luchamos”, “Una araña enorme”, “Chamberlain”, “Amenaza a un vulnerable bañista”, “Checoslovaquia”. Del mismo modo realiza carteles solidarios en diciembre de 1945, como el de un Cristo inclinado hacia muchos niños con la inscripción: EN MEMORIA DE LOS NIÑOS DE EUROPA QUE TIENEN QUE MORIR DE FRIO Y HAMBRE ESTAS NAVIDADES.

En 1953 se instala en Suiza, y da clases de verano en Salzburgo, desde ese mismo año hasta 1963, en su Escuela de la Vista, una escuela antirracionalista y basada en la Weltanschauung, observación del mundo. Esta escuela será la culminación de su obra. MundoArte - Biografía - Oskar Kokoschka

30.6.09

LA VIENA DE KLIMT


Fundación Juan March - CICLO OCTUBRE 2006 LA VIENA DE KLIMT CON MOTIVO DE LA EXPOSICIÓN LA DESTRUCCIÓN CREADORA Gustav Klimt, el Friso de Beethoven y la lucha por la libertad del arte.

Los días 11, 18 y 25 de octubre de 2006 se presento una exposición, en la Fundación Juan March en Madrid, sumamente interesante y atractiva. Me pareció un tema cautivador y atrayente para compartirlo ya que tuvo un gran éxito. Bajo el lema "La exposición, la destrucción creadora: Gustav Klimt, el Friso de Beethoven y la lucha por la libertad del arte" a continuación podemos introducirnos en el universo de Klimt y la Viena del 1900.


LA VIENA DE KLIMT
11, 18 y 25 octubre 2006

La cultura vienesa de fines del siglo XIX y comienzos del XX alcanzó un inusitado esplendor en el pensamiento, en las artes y en las ciencias. La Viena de Klimt, Kokoschka o Schiele es la Viena de Freud, Wittgenstein, Musil o Schönberg, por sólo citar algunos nombres. La Fundación Juan March ha programado para octubre un ciclo de tres conciertos titulado "La Viena de Klimt ", con motivo de la exposición del artista vienés.

La cultura vienesa de finales del siglo XIX y comienzos del XX, es decir, en los últimos años del Imperio Austrohúngaro que la primera guerra mundial se llevó por delante, alcanzó un inusitado esplendor en todas las artes, en el pensamiento y en las ciencias. Esta increíble ebullición en todas las ramas del árbol luliano del saber estuvo acompañada por un mordaz sentimiento de decadencia y de acerado sentido crítico pocas veces igualado. Nombres como Freud, Wittgenstein, Boltzmann, Schnitzler, Musil, von Hofmannsthal, Loos, Olbrich, Klimt o Schöenberg convivieron con un arte y un pensamiento academicista que vio en ellos y en sus seguidores los atisbos de una degeneración y una decadencia que no estaba precisamente en este arte naciente, sino en el sistema. La Secesión, el movimiento artístico renovador, nace justamente cuando los grandes nombres del pasado iban desapareciendo: Bruckner (1896), Brahms (1897), Johann Strauss II (1899)…; y alguno más, aunque prematuramente, como Wolf (1903).


Puedes leer todo el materia informativo en PDF


24.4.09

Modigliani: Historia de un pobre dandi


Amedeo Modigliani. Autorretrato, 1919. Museu de Arte Contemporânea da Universidade de São Paulp

"El único en París que sabe vestir es Modigliani” Picasso

En 1950, Jean Cocteau publicó un pequeño libro sobre Amedeo Modigliani, de quien el escritor francés había sido amigo y modelo en los días parisienses en torno a la I Guerra Mundial. Semblanza personal y breve recuento de la peculiar manera del pintor toscano-sefardí afincado en Francia, llama la atención en ese texto, como en otras significativas anotaciones de los diarios de Cocteau, el lamento económico. Aunque toda su vida fue un dandi muy gastador y a menudo subvencionado por generosos mecenas, Cocteau insiste en contar en 1950 cómo el retrato al óleo que le hizo Modi en 1916 tuvo que quedarse depositado en la bodega del café La Rotonde, no teniendo ni Jean ni Amedeo el dinero para trasportarlo en un taxi. El dueño del famoso lugar de reunión de los artistas de Montparnasse, después de guardarlo durante años sin prestarle atención, un día se despren¬dió de él. Y añade Cocteau: “En 1939 se vendía por siete millones en Inglaterra”, pero dos dé­¬cadas antes, en los años de la bohemia, “no nos preocupábamos de las consecuencias de nuestros actos. Ninguno de nosotros vivía bajo el ángulo histórico. Tratábamos de vivir, y de vivir juntos”.

Dedo, como también se le llamaba familiarmente a Modigliani, ni se acogió al ángulo histórico, ni tuvo en su corta vida un techo estable y saneado. La pobreza del pintor es tan definitoria como su alcoholismo, y ambas condiciones no menos significativas que las narices y los cuellos alargados de las figuras de sus lienzos. También dandi a su manera, y muy presumido (aparte de apuesto), la miseria de Amedeo se compaginó siempre con una desastrada elegancia: chaquetas de terciopelo (con rozaduras y lamparones), fulares rojos estilo Garibaldi, sombreros de ala ancha. De creer a su amigo el poeta Max Jacob, Dedo fue el primer hombre que llevó una camisa de cretona, mucho antes de que esa moda se extendiera por el mundo, y, según el propio Jacob, Picasso le dijo en cierta ocasión: “El único en París que sabe vestir es Modigliani”. Orgulloso, irascible, más fiel en la amistad que en el amor, Modi tuvo un modo aristocrático de decir que no: mientras que varios de sus colegas necesitados (como Brancusi) fregaban platos en los restaurantes o descargaban fardos en los muelles, él rechazaba no sólo cualquier tipo de labor que le apartase del arte, sino, en más de una ocasión, la venta de sus obras a quienes mostrasen ignorancia o mera ansia comercial (algo que evoca, por cierto, con gran elocuencia la escena de los millonarios norteamericanos de la gran película de Jacques Becker Los amantes de Montparnasse, donde la trágica pareja formada por Amedeo y Jeanne Hébuterne la interpretan Gérard Philipe y Anouk Aimée).

La exposición que ahora se abre, organizada por el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid, lleva el título Modigliani y su tiempo, siendo las intenciones de su comisario, Francisco Calvo Serraller, no sólo presentar, naturalmente, una sustancial muestra de la obra de Modigliani, sino localizar su arte, cosa a mi modo de ver tan apropiada como fascinante. En cada una de las nueve secciones que ocuparán los espacios de la Casa de las Alhajas (maravillosa sede de exposiciones de Caja Madrid) y del Museo Thyssen habrá siempre un diálogo entre sus cuadros, dibujos y esculturas (una actividad muy esencial y tal vez menos conocida de Modi) y la obra de quienes le influyeron, le admiraron, le ayudaron, le soportaron y le acompañaron, algunos más en las farras que en la estima por lo que pintaba. Los nombres de esos inspiradores y acompañantes coetáneos no requieren mayor comentario: Cézanne, Gauguin, Toulouse-Lautrec, Matisse, Derain, Brancusi, Picasso, Lipchitz, Soutine, Foujita…, entre muchos otros.

El de Picasso, sin embargo, sí conlleva un interés añadido, en función de las relaciones, más tenues que intensas, que ambos tuvieron en los escenarios de Montmartre y Mont¬parnasse. Las leyendas de su rivalidad, basadas en relatos novelescos de algunos escritores contemporáneos, tienden a exagerar, aunque algunas son deliciosamente pintorescas. Una de las más difundidas es la que contó Roland Penrose sobre ese día del otoño de 1917 en que Picasso, sintiéndose inspirado a mitad de un bombardeo en Montrouge y no teniendo una tela sobre la que trabajar, tomó un cuadro de Modigliani que había comprado y, tras aplicar a su superficie una capa densa de pintura blanca, pintó encima una naturaleza muerta. El episodio se convierte, por cierto, en el detonante de la grotesca tragedia descrita en la otra película realizada sobre Dedo (y por fortuna apenas difundida en cines), la atroz Modigliani, en la que su director, Mick Davis, toma algunos hechos reales para acomodarlos crudamente a su intención, que es la de hacer de Modi un mártir judío y de Picasso un fantoche taurino y envidioso, tal vez secretamente enamorado del bello Amedeo.

Mucho más perspicaz y típicamente ingenioso es el paralelo que Ramón Gómez de la Serna, otro ocasional parisiense de la época, traza del implícito duelo o recelo que pudo existir entre el desbocado italiano y el astuto genio malagueño, basándose en sus modos tan distintos de estar en los cafés. Describiendo una velada en el ya citado refugio de los artistas montparnos, La Rotonde, escribe Ramón: “Modigliani, borracho y con su amigo de rubios tortillons [moños], armaba un escándalo feroz, y Ortiz de Zárate, con su cara de monstruo, le escudaba cercano. Picasso, bajo su sombrero hongo, procuraba tener tranquilidad y sonreía en las discusiones; ya se veía que iba allí en última temporada para no ser llamado ingrato”.

La desdicha unida a la pobreza (y al alcohol y las drogas) minaron la resistencia de Modi, perjudicando a la vez, por el desorden frenético de su originalísima personalidad artística, el aprecio de sus contemporáneos. Los malditos suelen gustar pasado un tiempo prudencial, que incluye su muerte. Para entonces ya no vomitan, borrachos perdidos, en los vernissages de las galerías, ni replican con insolencia al que no llega tan lejos. Lo curioso, sin embargo, es la calidad circunspecta, incluso apagada, de su pintura, que, surgiendo seguramente de la tormenta, nunca la deja atronar en el lienzo. Su forma de dibujar, dijo Cocteau, era “una conversación silenciosa”. Pocos pintores del siglo XX fueron tan conspicuos en su estilo y tan impermeables al aire de los tiempos (y las modas). Los personajes del mundo Modigliani se parecen, como si el artista se apropiase del alma de los retratados, dándoles a todos la semblanza de su propia y enfermiza melancolía.

No eligió ningún ismo al que ir a acogerse, en el tiempo del cubismo, el futurismo, el expresionismo. Esa suprema arrogancia es la mayor riqueza legada por su extraordinaria obra, aunque no haya impedido las acusaciones de artista retrógrado y la condescendencia conmiserativa a la que también se sumó Gómez de la Serna: “El pobre Modigliani, que se tiró por un balcón y detrás de él su amada, matándose los dos sobre las losas funerarias de la acera”. VICENTE MOLINA FOIX 03/02/2008 - El Pais.com

Alemania rinde homenaje Modigliani

Amedeo Modigliani- VICENTE MOLINA FOIX


Amedeo Modigliani: Desnudo rojo

Alemania rinde homenaje Modigliani


Amadeo Modigliani - Joven de cabello oscuro (Elvira) 1918.

Por primera vez desde hace casi 20 años, un museo alemán dedica una amplia retrospectiva a la obra del artista italiano, Amadeo Modigliani, una de las figuras claves del arte moderno del siglo XX.

Las exposiciones de Modigliani no son raras, nunca lo han sido desde que la élite parisina acompañó al artista de 35 años de edad al sepulcro. Su muerte prematura impulsó su fama y apenas fallecido, las galerías y museos del mundo entero se arrebataron su obra. Y siguen guardándola con gran celo, lo que supuso un verdadero desafío para los organizadores de la muestra que abrió sus puertas en el Museo de Arte de la República Federal (Bundeskunsthalle), en Bonn.

Sus cuadros desde hace mucho están grabados en la memoria visual colectiva y están marcados por una “genial simplificación de la forma”, según Fleck. Pintó sobre todo retratos, cabezas ovaladas de largo cuello con ojos almendrados brillantes, que a veces parecen vacíos, como la estilización de esculturas antiguas.

En los cuadros del artista se ve el lenguaje visual del renacimiento y del manierismo, pero también se ve en su pintura influencias del expresionismo y el cubismo, así como del arte africano, tan popular en su tiempo.

Su obra también da cuenta del ambiente en el París de principios de siglo. Mientras que toda Europa sufría las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, en la Ciudad Luz reinaba una bulliciosa vida nocturna. Varios genios de la pintura coincidieron en el café La Rotonde, como Pablo Picasso, Amadeo Modigliani y el mexicano Diego Rivera. Se dice que Modigliani admiraba a Rivera, de quien hizo varios retratos. En la exposición se encuentra una pintura al óleo que hizo del muralista mexicano en 1914, actualmente propiedad de la Colección de Arte de Renania del Norte Westfalia, (Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen), en Düsseldorf.

Nacido en 1884 en Livorno, Italia, Modigliani fue pintor, dibujante y escultor. Su obra comprende unos 420 cuadros y unos mil dibujos. Los últimos años de su vida se dedicó a la escultura y produjo unas 25 piezas. “La muestra refleja, en pequeña escala y con unas 70 obras, la producción en conjunto del artista”, dijo Susanne Kleine, directora del proyecto.

Proveniente de una cultivada familia judía, Modigliani emigró a París en 1906 en donde se convirtió en el arquetipo del artista bohemio. Adoraba a las mujeres y se fue aniquilando con el abuso de alcohol y las drogas, hasta que murió, víctima de tuberculosis a los 35 años de edad. Un día después, su amante, Jeanne Hébuterne, se suicidó estando embarazada lanzándose por una ventana. Su dramática vida y muerte parece sacada de una novela.

Su obra mezcla cubismo, expresionismo e influencias del arte africano.

Poco antes de su muerte su obra era ya cotizada y en 1952 uno de sus desnudos fue comprado por un coleccionista en París por un millón de francos. Pero el récord fue batido en el 2003 durante una subasta en Christie’s de Nueva York, que vendió uno de sus desnudos en 24 millones de dólares. La exposición "Modigliani" estará abierta en Bonn hasta el 30 de agosto.

Autora: Eva Usi - Editora: Emilia Rojas Sasse
www.dw-world.de



Amadeo Modigliani - Desnudo de Céline Howard, 1918.


11.4.09

Jakob, Rosa Oppenheimer y sus obras de arte vendidas por nazis


REUTERS/©Hearst Castle®/California State Parks/Handout

El Castillo Hearst de California devolverá dos pinturas renacentistas italianas subastadas por alemanes nazis, que llegaron a la colección del magnate de la prensa estadounidense William Randolph Hearst. Las pinturas pertenecían originalmente a Jakob y Rosa Oppenheimer, los dueños judíos de una galería de arte en Berlín que en 1935 fueron forzados por los nazis a vender sus bienes y posteriormente murieron durante el Holocausto. Los Oppenheimer huyeron a Francia, donde Jakob Oppenheimer murió durante la Segunda Guerra Mundial. Su esposa falleció en Auschwitz.

Los descendientes de los Oppenheimer solicitaron en 2007 la devolución de las pinturas de la era renacentista, que corresponden a "Retrato de Alvise Vendramin", obra de un estudiante del artista veneciano Jacopo Tintoretto, y un retrato de un artista veneciano anónimo."Han estado en el museo durante alrededor de 74 años, colgando a plena vista", dijo Roy Stearns, un portavoz de California State Parks, entidad que administra el Castillo Hearst.

Los responsables afirman que probablemente las pinturas fueron compradas por el Castillo Hearst a otra galería, que las habría adquirido en la venta forzada del patrimonio de los Oppenheimer. Una tercera pintura, obra de un estudiante del artista veneciano del siglo XVI Paris Bordon, también pertenecía a los Oppenheimer, pero sus descendientes y California State Parks acordaron que permitirían que permanezca en el Castillo Hearst.

Los responsables revelaron que los guías del castillo, la mansión de Hearst en California central que en su momento fue el lugar de recreo de los ricos y famosos, le contarán a sus visitantes la historia de la pintura y cómo fue adquirida por los nazis. En 1935, los nazis a menudo forzaron a los judíos a vender sus bienes a muy bajos precios y a usar lo recaudado para pagar "impuestos de vuelo" para salir de Alemania.

Durante la cumbre de su imperio editorial, Hearst, quien murió en 1951, era el dueño de más de dos docenas de periódicos estadounidenses. Su castillo es una importante atracción turística y posee 22.500 piezas de arte. Reuters

8.4.09

Kandinsky en el Centro Georges Pompidou


Vassily Kandinsky, Composición VII, 1923


Wassily Kandinsky (1866-1944) - Transverse Line, 1923 - 141 x 202 cm
Oil on canvas - Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen, Dusseldorf


En 1984 el Centro Georges Pompidou de París organizaó la mayor exposición de Vasily Kandinsky vista hasta la fecha. Hoy, 25 años después y gracias a la inauguración de la muestra, el Pompidou vuelve a presentar una muestra de Kandinsky quine se le reconoce la paternidad del arte abstracto.

En sus obras, el color y las formas adquieren peso y fuerza, dando un cambio radical a lo que venía siendo el arte desde tiempos inmemoriales, y creando obras que tienen un fin espiritual.

Nacido en Moscú, en 1866, en una familia culta y acomodada, su infancia transcurrió entre clases de alemán, piano, cello y pintura. Pasados los treinta años, y con una brillante carrera de derecho de por medio, Kandinsky se dio cuenta que el arte es lo que ocuparía el resto de su vida, no solo como pintor, sino también como teórico y profesor, en la Phalanx art Group primero, y años más tarde en la Bauhaus.

Su carrera artística comienza en 1908, en Alemania, donde comenzó a pintar pequeños dibujos de influencia impresionista. En 1914, con el estallido de la guerra, se marcha a Suiza, partiendo luego a Moscú, donde permanecerá hasta 1914. Fue aquí donde empezó a escribir el texto que hoy conocemos como Punto y línea sobre el plano y que años más tarde continuará con De lo espiritual en el arte, obra que le convertiría en el artista de la “necesidad interior”.

A través de las diversas salas del Centro Georges Pompidou se puede apreciar los dibujos que logran conectar los períodos clave de la carrera artística del pintor (Múnich, París / Múnich / Moscú / Weimar, Dessau, Berlín / París) por medio de una cuidada y magnífica selección de cien pinturas, que abarcan de 1907 a 1942.

Gracias a la colaboración del Centro Pompidou, el Städtische Galerie im Lenbachhaus de Múnich y el Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York, esta retrospectiva internacional, con parada en Múnich, París y Nueva York, ha logrado reunir las tres grandes colecciones del trabajo de Kandinsky, así como piezas clave de otras instituciones y colecciones privadas.

París. Kandinsky - Centro Georges Pompidou, del 8 de abril al 10 de agosto de 2009.

Wassily Kandinsky