5.10.12

Colección Cartier en el Museo Thyssen‐Bornemisza


Diadema Rinceaux - Cartier París, 1910.
Nick Welsh, Cartier Collection © Cartier - Platino.
Un diamante de talla cojín, diamantes de talla redonda antigua. Engaste millegrain.
Vendida a Isabel, Reina de los belgas (1876‐1965). Dedicada realmente a su pueblo, fue una de las reinas más queridas por los belgas. Sobrina de la Emperatriz de Austria, más conocida como Sissi, Isabel se casó con el príncipe Alberto de Bélgica en 1900. Altura en la parte central: 5,5 cm


El Museo Thyssen‐Bornemisza presenta, del 24 de octubre de 2012 al 17 de febrero de 2013, la exposición El Arte de Cartier, desvelando más de 420 piezas de la Colección Cartier, desde sus orígenes hasta nuestros días.

Después de la Primera Guerra Mundial aparece una nueva élite rica, culta, abierta y atrevida formada por las más importantes familias aristocráticas europeas y las grandes fortunas americanas; muchos de ellos se convirtieron en clientes habituales de Cartier: la Duquesa de Windsor, Daisy Fellowes, Mona Bismarck, Millicen Rogers, Gloria Guiness,… En los años cincuenta otros clientes carismáticos realizan sus encargos especiales a Cartier, entre ellos, algunas de las actrices más destacadas de la época, como Grace Kelly, Elisabeth Taylor o María Félix. Algunas de estas piezas extraordinarias podrán verse en la sala, ilustradas además con proyecciones en los que las protagonistas aparecen luciendo esas mismas joyas.

A principios del siglo XX Louis Cartier abre dos nuevas delegaciones en Londres y Nueva York, e incita a sus diseñadores a dar un nuevo enfoque estético que rompa con el estilo Guirnalda. Desde 1904 surgen nuevos diseños basados en líneas geométricas y formas abstractas, inicialmente aplicados a creaciones de pequeño tamaño, como los broches, pero que pronto se adaptarán a todo tipo de piezas. En 1909 Cartier queda fascinado por la explosión de colores de los Ballets Rusos de Diághilev, que triunfan en el teatro Châtelet de París; como consecuencia, aparecen las primeras combinaciones de piedras de diferentes colores en diseños atrevidos: azul y verde de turquesas, lapislázulis y jades, o de zafiros y esmeraldas, el rojo y negro del coral y el ónix… Buen ejemplo de ello es el diseño “piel de pantera”, a base de
ónix y diamantes, que surge en 1914 y acabará convirtiéndose en uno de los iconos de la Casa. En esos años se desarrollan también nuevas formas de tallado ‐brillante, bala, trapezoidal, cuadrada o triangular‐ que se suman a la talla baguette, creada anteriormente pero cuya forma rectangular y sencilla encajaba visualmente a la perfección con las líneas geométricas del Art Decó.

El estilo Art Decó de los años veinte, con influencias egipcias, persas, hindúes, chinas o japonesas, que fusionaba el pasado con el gusto contemporáneo; una mezcla fascinante que convirtió las joyas Cartier en piezas únicas, irrepetibles. Surgen así los broches Escarabajo o Diosa, las joyas con piedras talladas con técnicas tradicionales de la India, como las conocidas como Tutti Frutti, relojes, vanity cases y pitilleras con motivos orientales (budas, dragones, etc.) y los más diversos objetos decorativos.

El Arte de Cartier
del 24 de octubre 2012 ‐ 17 de febrero 2013
Museo Thyssen‐Bornemisza
Patrocinador: Telefónica
Comisario: Guillermo Solana, director Artístico del Museo Thyssen‐Bornemisza; Paula
Luengo, coordinadora de Exposiciones, Museo Thyssen‐Bornemisza, y Jorge Varela, diseñador



Collar - Procedencia: Elizabeth Taylor.
Cartier París, 1951, modificado en 1953.
Marian Gérard, Cartier Collection © Cartier.
Platino, oro. Diamantes de tallas redonda, baguette y fantasía. 8 rubíes en forma de cojín.
Una montura de tiara permite llevar este collar como adorno para la cabeza - Largo 37,5 cm.