4.6.12

Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938)

Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938)
© Foto: Jörg P. Anders


"Los colores son la alegría de la vida"
Kirchner

Dresde. Años tempranos y la creación de Brücke, 1905-1911
Estudiante de arquitectura en Dresde, Kirchner conoce la obra de grandes maestros de la vanguardia finisecular, como Van Gogh y Matisse, en los que destaca la importancia del color. Partiendo de estas influencias, Kirchner comenzará a desarrollar un estilo propio, basado en largas y fluidas pinceladas de colores vibrantes.

En 1905 conoce en Dresde a los artistas Fritz Bleyl, Erich Heckel y Karl Schmidt-Rottluff, con los que funda el grupo Brücke, el primero que desarrolla el expresionismo. Brücke sentará las bases de uno de los movimientos más determinantes de las vanguardias artísticas del siglo XX.

Poco a poco, el grupo se va ampliando con la presencia de Max Pechstein, Otto Mueller, el suizo Cuno Amiet, el holandés Kees van Dongen, el finlandés Akseli Gallen-Kallela y, aunque sólo temporalmente, Emil Nolde. En su manifiesto fundacional aparecen tres términos programáticos, a los que Kirchner se mantendrá fiel durante toda su vida: libertad vital, espontaneidad y autenticidad. En su búsqueda de un lenguaje formal propio, el retrato y los cuadros de figuras, siempre inspirados en el primitivismo, y la vivencia y sentimiento interior, jugarán un papel relevante.

Expresionismo en Berlín, 1911-1915
Los años berlineses dan paso a un lenguaje rotundamente expresionista: las formas se hacen más angulosas, los colores son más estridentes y las perspectivas muestran contrapicados más radicales. El ambiente de las calles de la gran ciudad se convierte en su principal fuente de inspiración.

En esta etapa, Kirchner muestra una gran riqueza en sus técnicas: emplea el grabado con gran maestría, y encuentra en el dibujo un dinamizador y un campo de experimentación importante para todo su trabajo. En este sentido, guardará celosamente sus dibujos toda su vida. Además, impulsa de forma evidente la escultura, trabajada en etapas anteriores, pero que ahora se convierte en el principal complemento de sus manifestaciones artísticas.

Durante sus años berlineses, Kirchner pasa largas temporadas en la isla de Fehmarn, junto al mar Báltico, donde realiza numerosas pinturas, dibujos, pasteles y grabados, en los que predomina el desnudo al aire libre, un tema recurrente de su producción, que formula la unión ideal del hombre con la naturaleza.

Sus obras de estos años aparecen con frecuencia impregnadas por una marcada deformación y ansiedad, que revela una inquietud personal y psíquica que conducirá, al final de esta etapa, a una fuerte crisis nerviosa.


Ernst Ludwig Kirchner: Erna, 1930, Pinakothek der Moderne, München

Tiempo de crisis, 1915-1917
A pesar de su gran éxito social y artístico, el exceso de trabajo, su vida desorganizada en la ciudad y el excesivo consumo de drogas van minando la salud del artista. Durante la Primera Guerra Mundial, Kirchner sufre un colapso, por el que permanecerá ingresado en distintos sanatorios de Alemania y Suiza. Continúa, no obstante, participando en exposiciones.

Durante su enfermedad, continúa trabajando, y produce algunas de sus obras más sorprendentes. Sus autorretratos denotan el miedo y la angustia ante los acontecimientos bélicos y ante sí mismo. Además, los diversos retratos de médicos, enfermeros y pacientes en el sanatorio de Kreuzlingen constituyen uno de los conjuntos más ricos de su producción de estos años.

Primeros años en Davos, 1917-1925
En 1917, Kirchner llega por primera vez a Davos y en 1918 se establece definitivamente allí, donde permanecerá el resto de su vida. Además de continuar con sus temas clásicos, comienza a retratar la vida campesina de los paisajes alpinos. Profundo urbanita, Kirchner termina sintiéndose fascinado por la vida rural de los Alpes. Su nuevo entorno le aporta una intensa experiencia visual y cromática. “Es aquí donde se aprende a valorar la verdadera dimensión del color”, decía. En Suiza, Kirchner será considerado como uno de los grandes pintores de las montañas alpinas.
    
El cromatismo intenso y el trazo nervioso de su lenguaje en los años berlineses van cediendo poco a poco ante composiciones más planas y sosegadas, con colores más claros y tamizados. Asimismo, inspirándose en técnicas de bordado y tejido rurales, construye sus composiciones a base de manchas de color yuxtapuestas, conformando el denominado “estilo tapiz”.

A pesar de su retiro, Kirchner sigue cosechando éxitos y participando de la vida artística: en 1923 tiene lugar en Zúrich una gran exposición de su obra. También, cuenta con la admiración del grupo de artistas Rot-Blau (Rojo-Azul), creado por los suizos Albert Müller, Hermann Scherer y Paul Camenisch, en cuya obra se manifiesta la inspiración del expresionismo de Brücke y, especialmente, de Kirchner, al que visitan con frecuencia en Davos.

Abstracciones: Davos, 1925-1938
La última sección de la exposición constituye uno de los grandes descubrimientos de la misma. Kirchner permanece atento a las novedades artísticas durante su retiro en los Alpes suizos.  En 1925 se produce un punto de inflexión. Kirchner adopta un lenguaje abstracto, estático y ornamental, aunque aún dominado por la fuerza del color. En esta etapa se entrelazan imaginación y observación de la naturaleza. Su cercanía estética con Picasso, Léger, Le Corbusier y la Bauhaus resulta notable.

Nunca llegará a prescindir del todo del natural, considerado como punto de unión entre sus estilos y elemento clave para la comprensión de su arte.

Kirchner sigue con preocupación el ascenso del nazismo. Con la incautación de las obras por parte de los nazis, 639 de sus obras – consideradas “arte degenerado” – son retiradas de los museos alemanes, y Kirchner es expulsado de la Academia de las Artes prusiana. Por otra parte, la anexión de Austria a Alemania en 1938 lleva a sospechar una posible invasión de Suiza. Kirchner destruye entonces parte de su obra y se suicida el 15 de junio de 1938.

Ernst Ludwig Kirchner Dos mujeres con una palangana (Two Women with Washbasin), 1913.
Óleo sobre lienzo, 121 x 90,5 cm. Städelsches Kunstinstitut, Francfort