27.11.11

El Mariinsky Ballet en el Teatre Liceu de Barcelona

Mas allá de los elogios.

La mejor compañía de ballet de San Petersburgo, una de las mejores de Rusia y del mundo, presentó en el Teatre Liceu, el ballet El Corsario.

Esta obra nació el 23 de enero de 1856 en el Théâtre Impérial de l’Opéra de París, con música de Adolphe Adam , coreografía de Joseph Mazilier, y se estrenó en su versión definitiva de la mano de Marius Petipa el 25 de enero de 1899 en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo.



Le Corsaire - Lopatkina © Natalia Razina, foto gentileza Teatre Liceu

Uno de los principales motivos, o quizás el principal por el cual el Ballet Mariinksy posee la categoría de ser una de las mejores compañías de ballet de la historia, o incluso “la mejor”, no solo se lo debe a su inigualable tradición sino a la escuela asociada del Ballet Mariinski, la Academia Vaganova de Ballet de San Petersburgo. Esta es una institución fundada en 1738, donde muchos quieren entrar y pocos lo logran.

Antiguamente llamada Escuela Imperial de Ballet, hacía el papel de escuela del Ballet Imperial Ruso, que era el antecesor directo del actual Ballet Mariinsky (el Ballet Kírov en la época soviética).

Como en toda gran escuela de ballet del mundo (L'École de Danse de l'Opéra de Paris, el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón de Buenos Aires, la Escuela de Ballet del Teatro Bolshói, entre otras grandes), a lo largo del año escolar miles de niños se presentan esperando ser admitidos y de esta manera poder ingresar en tan prestigiosa institución con la ilusión de poder formarse en la ardua y abnegada carrera que los llevará hacia la cima del mundo del ballet.

Tras pasar arduos exámenes físicos, artísticos y de aptitud, en donde cualquier argumento puede ser suficiente para no aceptar a un alumno (un rostro no agradable, la forma de las manos o los pies); pocos son los aptos y seleccionados finalmente para ingresar y posteriormente superar y aspirar a completar el plan de estudios de ocho años reglamentarios. El profesorado de la Vaganova tienen un canon, éste indica la medida exacta que debe de tener el cuerpo de una bailarina o un bailarín. Es llamado el 52%, que es la proporción perfecta entre la longitud de las piernas y la altura total de una persona.

Los que se diplomen, lo habrán conseguido.

Le Corsaire - Lopatkina © Natalia Razina, foto gentileza Teatre Liceu

Desde su creación, la Vaganova ha producido distinguidos bailarines y coreógrafos, y es donde se preservan rigurosamente las mejores tradiciones de la herencia clásica, y es justamente ese uno de los motivos por el cual es reconocida por su excelencia y altísima exigencia.

Como sucede en la mayoría de estas instituciones destacadas, hubo un maestro que influyó profundamente en la academia: Agrippina Vaganova quien se graduó en 1897 y después de terminar su carrera artística, comenzó a enseñar en 1921.

Agrippina Vaganova desarrolló un técnica codificada y completa con la cual estableció una nueva era en la enseñanza del ballet. En 1957, seis años después de su muerte, la escuela comenzó a llevar su nombre.

Actualmente, su directora es Altynai Asylmuratova, antigua bailarina del Kirov.

En la función de la noche del 21 de noviembre, los roles principales estuvieron a cargo de Viktoria Tereshkina como Medora, Danila Korsuntsev como Conrad el corsario, y el joven Vladimir Shklyarov como Ali, amigo de Conrad. Todos ellos sensacionales y maduros profesionales que llevaron adelante la función con gran soltura y enorme brillo. Estupendas sonrisas en los rostros y por momentos pocas emociones.

La versión coreográfica que trabaja la Cía. Mariinksy es la de Piotr Gusev, a partir de las versiones de Marius Petipa.

Todo fluye naturalmente bien hasta que aparece en escena una verdadera joya de esas que a uno le hacen olvidar que es necesario respirar: la primera solista Anastasia Kolegova como Gulnara, la muchacha griega. Extraordinaria!

Kolegova ha nacido con todas las cualidades necesarias para ser una Prima Ballerina, y no me cabe ninguna duda de que lo será.

Con una figura atlética pero al mismo tiempo delicada, y una elegancia que deja marca en el escenario por su manera de bailar de grado claramente superior. Sus movimientos son expresivos, elegantes y refinados. Sus brazos, su espalda y su torso fluyen con la musica expresando las emociones que el papel y los poquísimos momentos de la escasa profundidad musical del Corsario, lo requieren.

Sus empeines son magníficos, y sus piernas fuertes y extraordinarias. Todo esto me hizo recordar inmediatamente a otra bella bailarina, pero no del Mariinsky sino del Bolshoi de Moscú; a Nadezhda Pavlova, pero con la diferencia de que Kolegova es aún mas femenina.

Ella es la clase de bailarina que transmite emociones que llegan hasta la fibra más íntima del público. Es una bailarina clásica con todas las letras y no una atleta. Es una artista que baila, y no una interprete que busca el efectismo. Esto en el Mariinsky no existe. Quien intentara hacer semejante cosa, jamás llegaría a un escenario como parte de esta compañía.

El cuerpo de baile desempeñó su trabajo fantásticamente. Todos comenzaban al mismo tempo musical, los brazos parecían uno solo y las poses idénticas entre si.

Sus cuerpos están marcados por el mismo sello, el de alta alcurnia que caracteriza a la Vaganova.

Sus torsos se mueven con la musica dibujando épaulement (colocación de los hombros, la espalda en relación al movimiento), los brazos maravillosos y vivos y las espaldas (oh! hermosas espaldas!) cinceladas y pulidas por profundos años de estudio académico en donde los pronunciados cambrés (flexión del torso hacia atrás) modelan una forma cóncava en el centro de sus espaldas y los omóplatos no existen (como debe ser). Las largas, estilizadas y bien torneadas piernas hacen lucir a unos fuertes pies y bellos empeines.

La Orquesta del Teatro Mariinsky, dirigida por su director Aleksei Repnikov ocupó el foso del Liceu interpretando las composiciones musicales compuestas por Adolphe Adam, Cesare Pugni, Léo Delibes, Riccardo Drigo y Pavel Oldenburgsky dando vida a El Corsario, un ballet compuesto por una bella escenografía y bellos tutús; ambos por obra de Galina Solovyova y Teymuraz Murvanidze, destacandose entre sus cuadros el encantador Le Jardin Animé con fuente de agua incluida, que se escuchaba desde la platea.

El ballet del Teatro Mariinsky es puro academicismo, que personalmente es lo que mas me gusta.

Por Carolina de Pedro© 2011 Danza Ballet

Le Corsaire - Denis Matvienko © Natalia Razina, foto gentileza Teatre Liceu