21.8.11

Coco Chanel, un icono de Catherine De Montalembert

 Coco Chanel - Une icône. Catherine de Montalembert - Editeur Aubanel


"Elle a servécu à tout le monde", dit Karl Lagerfeld.

Figure emblématique de la mode, Gabrielle Chanel (1883-1971) est un personnage incontournable qui, par le style simple et élégant qu'elle a su créer, marque aujourd’hui encore les esprits. Plus que jamais au goût du jour, cette femme au destin hors du commun est à découvrir ou à redécouvrir.Richement illustré, ce livre retrace la vie de Coco Chanel, à travers les événements marquants de son parcours, dévoilant ainsi les multiples facettes de cette icône. Il séduira donc autant les inconditionnels de la haute couture que ses amateurs ou simplement les admirateurs de la créatrice.

Après vingt ans passés dans la haute couture (Dior, Lanvin) et la communication, Catherine de Montalembert écrit pour l’univers du luxe, de la parfumerie et de la cuisine. Elle est l’auteur, aux éditions Aubanel, des textes de Mathias le Gourmand (2005), La Montagne et le cuisinier (2007) et Les Auberges d’Alain Ducasse, série de cinq livres publiés chez LEC, Alain Ducasse Country Collection (2006). Elle travaille occasionnellement pour la presse magazine, World of Interiors, Maison Française, Côté Sud, Atmosphères… Familière de l’univers de Chanel, elle a réalisé entre 2005 et 2007, une série d’entretiens sur diverses personnalités ayant côtoyé Coco Chanel.


Coco Chanel, un icono - Catherine De Montalembert

"Coco era de derechas, pero tenía amigos judíos y comunistas´ Catherine de Montalembert

Escritora y exdirectora de comunicación de Dior y Lanvin. Acaba de publicar en Francia un tomo ilustrado sobre la figura de Coco Chanel (Editorial Aubanel) y prepara otro sobre la relación que mantuvo con el escultor español republicano Apel·les Fenosa.

— ¿En qué época estuvo la moda más unida al arte: ahora o en los tiempos de Coco Chanel?
—Buena pregunta. Diría que en la época de Coco. Ella mantuvo una relación muy estrecha con los artistas. En los años veinte conoció a Picasso, a Cocteau, a Man Ray, a Cecil Beaton, a Dalí o los Ballets Rusos. Incluso pagaba por cuadros de Dalí que después no se quedaba porque no le entusiasmaba la pintura. En cambio sí le encantaban la escultura y la poesía. Por ejemplo, fue amiga de Pierre Reverdy y ayudó muchísimo a Stravinsky. La verdad es que Coco se interesaba por el arte, pero por aquel entonces el arte se interesaba muy poco por la moda.

—¿Fue una especie de mecenas?
—Era una mecenas secreta. Coco amasó una fortuna durante la I Guerra Mundial. En los años veinte ya es rica y conocida, pero siempre procuró ser muy discreta con sus ayudas. Cuando apoyó el ballet ruso nadie se enteró. Para Coco el dinero no era importante. Pesaba más su fascinación por el arte.

—¿Inventó Coco la modernidad?
—Sí. Fue una visionaria. Te pongo un ejemplo. Durante la I Guerra Mundial no había casi nada en las boutiques de París. Entonces a Coco se le ocurrió trabajar con el punto, un material que por entonces sólo usaban los soldados bajo los uniformes. Con ese textil diseñó un vestuario muy sencillo que sirvió a las burguesas, quienes siempre necesitaban a otra mujer para colocarse esos vestidos y corsés tan ampulosos. A partir de ese momento la mujer ya pudo vestirse sola. Coco rompió con los diseños decimonónicos de Poiret, entró fuerte en el siglo XX.

—Una nueva biografía revela que la diseñadora fue una espía nazi. ¿Afectará la noticia a Chanel?
—Coco era una persona compleja, polifacética. Creo que es difícil conocer toda la verdad sobre la época de la contienda. Si se confirma que fue una espía nazi, la verdad es que es algo grave. Por otra parte, Coco nunca ocultó que estuvo con un oficial alemán. Tras la II Guerra Mundial, no fue molestada porque se sabía que también había tenido amistad con británicos ilustres, como Churchill y el duque de Westminster. Pero lo que nadie sabe ahora es que también estuvo con el escultor español Apel·les Fenosa, un exiliado republicano español [una exposición en el Vendrell indaga en su relación]. En cuanto a su ideología, se sabe que Coco era más de derechas que de izquierdas, pero tenía muchos amigos intelectuales comunistas y judíos. Ella era una mujer libre. Se le podría aplicar un poco lo que dijo la actriz gala Arletty: "Mi corazón es francés, pero mi culo internacional".

—¿La extravagancia anula la personalidad?
—Sí. Me gusta la moda que no se nota, como la buena arquitectura. En este sentido el taller Chanel es muy inteligente porque consigue vestir a una mujer que no se ve, que desaparece. Chanel alcanza la elegancia justa. A Coco también le debemos el vestidito negro básico, bautizado como el Ford de Chanel por la revista Vogue América. Ella veía en la Ópera que las mujeres iban de muchos colorines, y por eso decía que aquello parecía una pastelería. Coco se pasó la vida eliminando lo superficial en la moda para llegar a lo minimalista. Su inspiración fue el uniforme que vio en el hospicio donde nació.

—¿Ha sabido Karl Lagerfeld mantener ese estilo?
—Sí. Es un genio porque lo ha entendido perfectamente. Además ha reinventado el concepto Chanel con un toque de modernidad. Coco está aún muy viva en Chanel. Es un milagro. No conozco ninguna casa con un personaje tan emblemático. A día de hoy Jeanne-Marie Lanvin no existe, tampoco Christian Dior.

—¿Qué le debe Coco a América?
—Mucho. Cuando cerró la empresa con la guerra, tardó 14 años en reabrirla. En esos momentos la alta costura estaba en manos de los hombres: Balenciaga, Dior, Balmain. A Coco no le gustaba aquello. Todo lo que ella había inventado antes de la guerra, ellos lo eliminaron. Coco reabrió el taller en el 56, pero fue un fracaso. Nadie entendió lo que quería hacer. Sólo la salvaron las americanas. En Estados Unidos se había comercializado Chanel Nº5. Con los royalties del perfume, Coco se hizo rica. Años más tarde, los Wertheimer compraron Chanel y le dieron carta blanca a Coco, que se reinventó de nuevo con 71 años.

—2011 ha sido un año de sobresaltos: Galliano ya no está en Dior, Alexander McQueen se ha suicidado, Christian Lacroix diseña para Desigual. ¿Responden estos vaivenes un poco a aquello de, si no puedes cambiar los números, cambia los rostros?
—En la moda siempre pasa lo mismo: todo se hunde para cambiar después. Cambian las ideas, la forma de comprar y de vestirse. Pero para Chanel es al contrario. Tiene una cabeza joven trabajando, Karl. El problema de ahora, de todos modos, es que no hay rostros.

—¿Karl es intocable?
—Es muy difícl conseguir un diseñador como Lagerfeld. El tipo es genial. En los ochenta, por ejemplo, eligió a Inès de la Fressange, quien se parecía mucho a Coco, como imagen de la casa. No fue una casualidad: Inès encarnaba muy bien a la parisienne.

—¿Lo de los insultos de Galliano fue la excusa perfecta para Dior?
—No lo sé. Lo que es cierto es que Galliano ya estaba triste. Y creo que representaba una idea de la moda que ahora está acabada. Era demasiado teatral. Si Dior quería vender, tenía que hacer otro tipo de colecciones. A mí la mentalidad de Galliano no me interesaba. Había desarrollado una estética para la calle muy agresiva y exhibicionista.

—¿Se mantiene la industria de la moda por la lucha de los mercados emergentes?
—Sí. En el mundo de la moda, quienes ahora toman las decisiones son los grandes financieros. La gente habla de Bernard Arnault [dueño del grupo Louis Vuitton & Moët Hennessy (LVMH)] como si fuera un creador cuando sólo es un millonario. Y la verdad es que todo esto no me gusta nada. En las grandes casas ya no quedan rostros humanos. Los financieros quieren jóvenes con perfiles bajos, con talento pero sin ego. Quieren gente que esté detrás de la firma. La única casa independiente que queda es Chanel.

—¿Debe estar la marca por encima del creador?
—Hay que saber jugar con las dos cosas. Lo uno sin lo otro no puede funcionar bien. Hoy día es difícil tener un estilo propio. Quizá la fuerza esté ahora más en el estilo que en la moda. Porque estamos en una época de crisis y de recortes, y hay que apostar por lo que se queda más tiempo: es decir, el estilo. Los diseñadores más fuertes son los que tienen un estilo. Ahora hay pocos.

—El primer desfile de Dior con Bill Gaytten [el sustituto de Galliano] ha recibido malas críticas. ¿Cómo anda de talento el diseñador?
—Fue un fracaso. Está claro que no tiene el talento creativo de John Galliano.

—¿Debe la monarquía ser embajadora de la moda de su país?
—A mí me gusta ver a Letizia con ropa de aquí. La suya es una tipología femenina particular. Es agradable ver la elegancia de un país encarnada en una princesa. Me gusta que Letizia no sea como Carla Bruni, que va de Dior. Me interesa ver la estética de la mujer española en la calle, que no tiene nada que ver con la francesa. Porque yo me pregunto: ¿Necesitamos tiendas de Louis Vuitton en todo el mundo? Hay que acabar con la globalización. Al llegar a la isla, lo primero que hice fue comprarme una cesta mallorquina. Son bonitas. También me interesa el trabajo que hace Camper, porque hay una idea detrás. A la moda actual le falta un sentido, un porqué.  M. ELENA VALLÉS. PALMA. Diario de Mallorca. 21/08/2011 .