23.8.10

Pablo Picasso y Henri Matisse

Pablo Picasso - Serenade, 1942 - Centre Georges Pompidou, Paris - © Succession Picasso, 2001

Henri Matisse y Pablo Picasso se conocieron en 1906 en casa de los coleccionistas Leo y Gertrude Stein. Dos de los grandes genios del arte contemporáneo vivieron desde entonces una serie de encuentros y desencuentros, desde el odio y la envida solapada hasta la amistad y la admiración manifiesta.

Sus trayectorias transcurrieron paralelas, recibiendo influencias mutuas, y demostrando cada uno, de una forma singular y personal, su genialidad. Las innovaciones aportadas por cada uno afectaron tanto a la pintura como a la escultura e incluso a la cerámica y artes decorativas, poniendo la base para el desarrollo de la gran mayoría de las tendencias artísticas del siglo XX.

En 1908 por un lado se da nombre al cubismo, la primera gran revolución picassiana, y al mismo tiempo se forma el grupo fauvista, con Matisse como líder. Estas dos propuestas tenían un mismo espíritu de renovación, de intento por crear una arte nuevo, que cortara los lazos de la perspectiva clásica y la visión del color real. Lecciones que aprendieron de la experiencia de Vang Gogh y Gauguin, y que desarrollaron hasta las cotas más altas. Con un cierto aire competitivo iban presentado sus diferentes obras y proyectos prácticamente en paralelo: exposiciones desde su participación en el Armory Show de 1913, "Arte moderno en Francia", 1916, retrospectivas en el Petit Palais, Picasso en 1931 y Matisse en 1932, etc.- colaboraciones con el Ballet Ruso de Diaghilev, ilustraciones de libros, etc.

Henri Matisse, Interior with a Violin, 1917-18 - Statens Museum for Kunst, Copenhagen. J. Rump Collection © Succession H. Matisse

Durante de la década de los veinte y principios de los años treinta, sus caminos parecen tomar rumbos diferentes: Matisse continúa por una camino de investigación individual, trasladándose a la costa meridional francesa, mientras Picasso se relaciona con el surrealismo. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, ambos artistas volverán a encontrarse en el sur y comenzará su correspondencia escrita, así como a realizar paralelamente obras en cerámica y trabajos decorativos, en una especie de competición amigable. Siempre con estilos diferentes y sensibilidades dispares, los dos creadores parecen encontrar un nuevo camino caracterizado por la sobriedad clásica, en el que las influencias mutuas son patentes, respetando siempre su singularidad. Su grandeza creativa se refleja en la interiorización de los cánones clásicos y asimilación de los avances de sus pioneras vanguardias, dando como resultado un estilo atemperado y maduro, de plenitud expresiva.

Su relación fue constante hasta la muerte de Matisse. Picasso pinta entonces sus interpretaciones de Las mujeres de Árgel de Delacroix, en las que manifiesta abiertamente el legado de su compañero: "Matisse me dejó sus odaliscas como herencia". Un reconocimiento que el francés también había demostrado desde 1930, cuando como jurado del Carnegie Prize secundó la candidatura de Picasso.

La exposición que organizó la Tate, la Reunión des Museés Nationaux/Musée Picasso y el Centre Georges Pompidou y el MOMA, en 2003, recoge una tradición de comparar ambas carreras: en el Boston Museum of Modern Art en 1938 y en el Victoria and Albert en 1945-46. En esta ocasión se reunieron treinta grupos de esculturas y pinturas que ponen de relieve tanto los lazos comunes como las distintas concepciones que tuvieron estos maestros del arte contemporáneo. Sus visiones del desnudo, del paisaje, del bodegón o de los retratos, se van enfrentando para mostrar la compleja relación tanto personal como profesional, en un recorrido completo y lleno de piezas maestras, imprescindibles para comprender la cultura artística posterior. www.masdearte.com

Henri Matisse - Music, 1939 - Albright-Knox Art Gallery, Buffalo, New York - © Succession H. Matisse


Pablo Picasso - Guitar, 1924 - Musée Picasso, Paris © Succession Picasso, 2001