5.5.10

El caballero de la rosa - Der Rosenkavalier - Gran Teatre del Liceu


Der Rosenkavalier - Photo Matthias Creutziger

Der Rosenkavalier - Photo Matthias Creutziger

Der Rosenkavalier - Música de Richard Strauss

Estrenada el 26 de enero de 1911 en la Königliches Opernhaus de Dresde. Estrenada en el Gran Teatre del Liceu el 2 de abril de 1921. Se representó por última vez en el Liceu durante la temporada 84-85.

10, 13, 16, 19, 22, 25 y 28 de mayo de 2010 - Gran Teatre del Liceu.

Catalunya Música emitirá en directo la función del día 13 de mayo.

La acción se sitúa en Viena durante los primeros años de reinado de la emperatriz María Teresa.

En un implícito homenaje a Mozart, concretamente al Cherubino de Le nozze di Figaro, el personaje de Octavian, un joven muchacho amante de la Mariscala, es un personaje travestido, interpretado por una mezzosoprano, que forma con las dos sopranos –la Mariscala y Sophie– un refinado trío femenino.

Austria en tres tiempos

En 1955 Austria recupera su plena soberanía como Estado, una vez firmada su renuncia a la anexión con Alemania y, por tanto, a cualquier aspiración a reformular su glorioso pasado imperial. A finales de ese mismo año se reinaugura el edificio de la Staatsoper de Viena. La capital es un gran solar en obras. El milagro económico austriaco se ha puesto en marcha bajo los efectos del Plan Marshall. En esa década de reinvención de la sociedad austriaca – despertando de la compleja relación con su historia– sitúa Uwe Eric Laufenberg el tiempo dramático de Der Rosenkavalier (El caballero de la rosa).

Un nuevo comienzo cobijado por la prosperidad que pretendía borrar de la memoria la connivencia con el horror, y del alma, una melancolía colectiva que lastraban el país desde 1918. El fracaso de esa política de amnesia inducida se hace visible en los tres espacios creados por Christoph Schubiger para cada uno de los actos de la ópera de Richard Strauss. La ruptura con el continuum histórico no es posible, en especial en una obra cuya protagonista es una mujer que se caracteriza por su lucidez.

Cada decorado es una capa de esa sociedad profundamente sacudida por los acontecimientos del siglo XX. El primer acto es el territorio de la nostalgia, el paisaje de la decadencia. El boudoir de la Mariscala muestra tapicerías ajadas, paredes deslucidas. Las ruinas del esplendor de un tiempo más feliz y seguro. Un lugar que sólo mantiene la apariencia en la penumbra. En esas sombras se adentran la Mariscala y su joven amante, ambos jugando a la ambigüedad del smoking, para saciar una noche de deseo. En esa sombra se encierra la Mariscala cuando se queda al final sola. La atmósfera de una sociedad rendida al paso del tiempo evocada por las sagas literarias de Joseph Roth.

El palacio de Faninal es la negación del entorno creado en el primer acto. Lo que estaba en penumbra y mate se convierte en luz y brillo sobre mármoles y cromados. Lo que era una espesa capa de polvo de la memoria se transforma en una limpia superficie que exhibe sin pudor su separación del lastre del pasado. Un palacio para exhibirse, accesible a la curiosidad del público, una escenografía montada para servir de escaparate a la ascensión social. Puertas abiertas a turistas y pararazzi. Aquí bienvenidos. En el último acto, molestos cronistas de un intento de estupro.

Es la mansión –elevada sobre la vieja ciudad imperial– de un potentado firmemente instalado en el presente. Alguien que ha perdido conscientemente la memoria para construirse un futuro sin la rémora de la culpa. Alguien que desde su fulgurante atalaya contempla el movimiento de hierro y cemento que transformará la capital de los Habsburgo en una próspera metrópolis capitalista y republicana, feliz de cambiar la política matrimonial de la casa imperial por la rentable neutralidad de su nueva personalidad europea, con el paréntesis de la anexión hitleriana escondida en el sótano del negacionismo. Un decorado que podría despertar el interés acusador de Thomas Bernhard, obsesionado con denunciar la falsa higienización de la sociedad austriaca a partir de la década de los cincuenta.

Ese sótano se materializa en el tercer acto. La posada imaginada por Hofmannsthal para consumar la seducción de Octavian-Mariandel por parte del barón Ochs aparece como un lugar siniestro, trastero al fondo de una escalera que conduce directamente al submundo, puerta trasera a la cara oculta de una sociedad próspera y ordenada. Un lugar de tránsito de la marginalidad, confinada en los sótanos de los pecados privados. Un refugio del subconsciente, de todo aquello que conviene mantener apartado de miradas escrutadoras. Una dimensión familiar para el protagonista de Traumnovelle (Relato soñado) del freudiano Arthur Schnitzler, o de Reigen (La Ronda) y su vals de bajas pulsiones.

Y en todo momento, en un rincón de palacios y antros, un dorado reloj rococó. Máquina infernal de antigua belleza. SERVICIO DE DRAMATURGIA Y REDACCIÓN TEATRE LICEU.


Richard Strauss - Der Rosenkavalier - Finale, Act II (Wien 1994 Kleiber)

Der Rosenkavalier, Op.59
Act II, "Ohne mich, ohne mich, jeder Tag dir so bang"
Kurt Moll, Anna Gonda,
Orchester der Wiener Staatsoper
Carlos Kleiber - Vienna 1994




Der Rosenkavalier - Richard Strauss - Waltz - Conducts Fritz Reiner



Rosenkavalier Waltzes - R. Strauss - Final Scene

Gwyneth Jones (Feldmarchallin), Brigitte Fassbaender (Octavian), Lucia Popp (Sophie), Benno Kusche (Faninal), Carlos Kleiber (Conductor), Munich Opera (1979). Carlos Kleiber leading the Munich State Opera Orchestra superbly. The production by Otto Schenk is colourful and well directed. A wonderful addition to the DG Catalogue.