4.2.10

Christian Dior - alta costura en París 2010


Los majestuosos trajes de noche fueron uno de los puntos fuertes de la obra de Charles James. El exceso en el metraje de la tela fue también el romántico desafío que Dior lanzó al mundo en 1947.- FOTO: EFE / TEXTO: EUGENIA DE LA TORRIENTE

Brillo en medio de la decadencia.

Dior deslumbra en la primera jornada de la semana de alta costura en París

EUGENIA DE LA TORRIENTE - París - 26/01/2010

Cuando oyes relinchos de caballos en los salones de pálido gris de Christian Dior sabes que algo raro le pasa a la alta costura. La primera jornada de esta cita con la creación de moda más artesanal y suntuosa mostró a una industria al galope, espoleada a moverse, aunque no sepa exactamente hacia dónde. La colección que John Galliano presentó no fue, en todo caso, el problema. He aquí un jinete que conoce perfectamente su montura. Para la primavera de 2010 entregó una apoteósica sucesión de monumentales y riquísimas piezas. El tema ecuestre partía de Charles James, un diseñador contemporáneo a Dior, que él mismo reconoció como una influencia fundamental en la gestación del new look. Aunque, como siempre con Galliano, nada es tan simple. "Todo partió de una visita al Metropolitan Museum de Nueva York con Anna Wintour. Vimos un avance de la exposición sobre la mujer americana que se exhibirá en primavera", explicaba el diseñador vestido de jinete de doma clásica. "Harold Koda, el comisario, me habló de Millicent Rogers, una excéntrica heredera y una de las grandes coleccionistas del trabajo de Charles James. Mencionó un libro sobre él y yo recordé que Manolo Blahnik me lo había regalado a los 19 años. Empecé a investigar y descubrí su gran vinculación con Mr. Dior. Todo conectaba".

La parte "de día" de la colección fue escasa y supondría aceptar que la actividad cotidiana de alguien en el siglo XXI incluiría cacerías a caballo que requieren chaquetas de amazona de onduladas caderas, fustas y largas faldas de tiernos plisados. De las 34 salidas, una veintena fueron vestidos absolutamente abrumadoras. Llamarlos principescos resultaría tímido. "¿Si hay unas declaraciones de intenciones en ello? Por supuesto. Mi trabajo es hacer las cosas más bellas de las que sea capaz. Y más en un momento como éste". A pesar de la majestuosidad operística de sus piezas, el talento de Galliano brillaba en un recurso mucho más sutil y sencillo: su afinado sentido del color. Las combinaciones de frambuesa con malva o zafiro con chocolate poseían una fuerza estética que, atravesando capas de mullidos encajes y tules, golpeaba con la intensidad de una coz.

Con el optimismo del que depende su sueldo, los altos ejecutivos de las firmas de lujo siguen apostando por la alta costura como un ejercicio de legitimidad. Buscan en Asia, sobre todo en China, nuevos y más jóvenes clientes. Según ellos, existen. En 2009, Chanel vendió más piezas de alta costura que en el año precedente y Givenchy espera que esta división crezca en 2010 entre un 10% y un 20%. Sidney Toledano, presidente de Dior, asegura que la firma continuaría haciendo alta costura incluso si nadie más les acompañara en la aventura: así de fundamental es esta parcela para la firma.

Aun así, en la primera temporada sin Christian Lacroix en el calendario, es inevitable sentir cierta decadencia en el ambiente. El órgano que regula el programa de festejos, la Chambre Syndicale, ha incorporado a las casas de alta joyería, con un día íntegramente dedicado a que éstas exhiban sus colecciones. La cita ha adoptado el ampuloso nombre de Luxury Week. Pero son los desfiles de ropa interior o las presentaciones de marroquinería los que nutren una agenda en la que escasean nuevos talentos del diseño de moda.

La gran esperanza de renovación pasa por el francés Alexis Mabille, de 33 años, que ayer inauguró el calendario. Y eso a pesar de que su propuesta es un híbrido de prêt-à-porter para el otoño-invierno de 2010 y de alta costura para esta primavera. Con su tercera colección demostró que ha templado su pulso de aprendiz. Inspirado por Calder y Kazimir Malevich, entregó una sucesión de looks de pautada geometría, dominados por el contraste de negro con colores vivos. Sus vestidos y trajes sentaban como un guante y resultaban modernos y originales. Potros con brío y no carrozas cargadas de quilates es lo que necesita el convoy de la alta costura para encontrar su rumbo en esta estepa.

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El rastro de Millicent Rogers se sigue a través de los bordados-joya de las exageradas piedras que se llevan en pulseras y collares.- FOTO: REUTERS / TEXTO: EUGENIA DE LA TORRIENTE