6.12.09

Shostakovich: La más noble tradición soviética


Russia 2000 - Stamp Dmitri Shostakovich - Марка, Россия, 2 рубля 50 копеек. Дмитрий Дмитриевич Шостакович.

Un crítico de The Guardian analiza con agudeza su legado.

Gerard McBurney. The Guardian.


Dmitri Shostakovich es una figura fascinante: vivió y compuso su música durante los años más interesantes del siglo XX. Nació en la San Petersburgo prerrevolucionaria, vivió los acontecimientos de 1917, y comenzó a componer seriamente a mediados de la década de 1920, cuando la vanguardia soviética estaba en su apogeo. Perteneció al mismo mundo que algunas de las figuras clave de la cultura de esa época, incluyendo a uno de los mayores directores teatrales de todos los tiempos, Vsevolod Meyerhold, y a un cineasta legendario: Sergei Einsenstein. Sus primeras obras habitan el mismo reino maravillosamente experimental que ellos. Su Primera Sinfonía, de 1925, le valió al joven compositor una fama inmediata tanto en Europa Occidental como en Estados Unidos.

Como muchos artistas de su época, su lenguaje musical se desenvolvía aceleradamente. A Shostakovich le afectó, por ejemplo, la urgencia de simplificación que se advierte en muchos compositores de los años 30. Hasta tal punto fue así que su composición épica, la Séptima Sinfonía (Leningrado) fue considerada lo suficientemente directa y comprensible como para ser elegida para formar parte de la propaganda de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial, hecho que le dio renombre internacional. Sobrevivió a Stalin y después, para decepción de sus amigos y regocijo de sus detractores, perdió credibilidad dentro y fuera de Rusia cuando aceptó los homenajes y lisonjas oficiales y se afilió al Partido Comunista en 1960.

En sus últimos años se debatió luchando contra la enfermedad y el aislamiento, lo que podría ser una de las razones de que sus últimas composiciones se caracterizaran por una poética desolación, que al principio desconcertó a su público pero que ahora sus admiradores encuentran ambigua y sugestiva. Y por último, este hijo de los comienzos del siglo XX vivió y compuso lo suficiente como para que en sus últimas obras, como la Sinfonía Nº 15, de 1971, o el 15º Cuarteto para cuerdas, de 1974, se advirtiera que su música empezaba a mirar hacia la incierta mezcla cultural de nuestra época: el llamado "posmodernismo".

Sin embargo, ese nuevo sesgo no habría de gustar a todos. Cualquier europeo occidental educado dentro del refinado consenso estético del período de la Guerra Fría, recordará que sus maestros y mentores subestimaban a Shostakovich y lo consideraban un compositor de poca monta: un kapellmeister, sucesor si se quiere de Hindemith y Prokofief, pero no tan bueno como ellos. Y desde luego, no debía ser considerado un compositor a la altura de los grandes dioses del modernismo: Schoenberg, Bartok y Stravinsky. Hace apenas seis años, Pierre Boulez declaró que el difundido interés por el compositor ruso estaba "influenciado por la dimensión autobiográfica de su música". Para él, ese entusiasmo era una moda y duraría poco, porque su obra no era más que una "tercera prensada de Mahler", una alusión al proceso para extraer el aceite de oliva menos sabroso y más barato.

Dmitri Shostakovich

A pesar de las condenas, la ola de entusiamo por su música, que empezó a correr hace unos 20 años entre público e intérpretes, parece seguir creciendo. Hay infinidad de sitios web, blogs, libros y eventos dedicados a este compositor, con aniversario o sin aniversario. Y también hay muchos intérpretes que tocan su obra. Además de los músicos de orquesta, están los numerosos jóvenes y brillantes solistas, espe cialmente los ex soviéticos, que agradecen que Shostakovich les haya brindado un material que les permitió desplegar su talento ante el mundo. De un modo más bien curioso, como me dijo hace pocos días la musicóloga de San Petersburgo Olga Manulkina, Shostakovich se ha convertido en el Chaikovsky del siglo XX.

En primer lugar, hay que tener en cuenta lo que Boulez llamó "la dimensión autobiográfica": muchos melómanos consumen música y la disfrutan debido a su personal identificación con lo que imaginan que son las confesiones de sus compositores favoritos. Pero es posible establecer una conexión más interesante entre estos dos compositores. En el corazón mismo de la música de Chaikovsky y de Shostakovich se percibe una técnica elevada y una gran fluidez, junto con una afición a mezclar contextos e ideas cultas con elementos corrientes y menores: trozos de operetas, melodías populares, marchas baratas y música de organilleros. Para algunos oyentes —entre los que me incluyo— esa ambigüedad es fascinante. Otros, en cambio, abominan de ella.

Hoy en día es probable que la reputación de Chaikovsky sea mejor que la de Shostakovich, principalmente porque el primero vivió mucho antes que el segundo. La repugnancia por la música de Chaikovsky de que hicieron gala los primeros comentaristas, por lo general acrecentada por su prejuicio contra la homosexualidad, ha empezado a desvanecerse. Poco a poco, a lo largo del siglo XX, hemos aprendido a ver su enorme, proteico, imprevisible talento como algo en sí mismo, con fallas, de ningún modo inmune a la crítica seria, sino consecuencia de lo que deberíamos tener el coraje de llamar "genialidad".

Lamentablemente, en el caso de Shostakovich la dura tarea de despejar las malezas de la crítica académica acaba de comenzar. Con Shostakovich tenemos algo que no es posible con Chaikovsky: una vasta red de tradiciones de interpretación físicamente vinculadas con el hombre mismo. Shostakovich murió hace 31 años. Todavía hay muchas personas (no solo rusas) que lo recuerdan bien; muchos tocaron bajo su orientación. El mismo fue un pianista vigoroso, y todavía viven algunos músicos, como Rostropovich, que hicieron música con él. Aún pertenecemos, aunque no por mucho tiempo más, al mundo que él conoció y al aire musical que respiró. Es esto lo que debemos apreciar de Shostakovich; y es esto también lo que da sentido a las próximas celebraciones de su música: nuestra cercanía con él en el tiempo.

Traducción: Ofelia Castillo

Dmitri Shostakovich

Dmitri Shostakovich (Novosty) in The New Shostakovich, Ian McDonald (Northeastern University Press, 1990).


"Music must break down silence" Dmitri Shostakovich