14.7.09

La Bayadera por el Corella Ballet


Alina Cojocaru y Angel Corella - - ©A Bofill

Por Carolina de Pedro Pascual - © 2006 - 2009 Danza Ballet.

'La Bayadera' es una de las obras más importantes y sobresalientes de ballet clásico que forma parte obligada del gran repertorio universal de las grandes compañías de ballet del mundo.

La preparación y presentación de un ballet como La bayadera requiere un largo, complejo y arduo trabajo. No por nada es uno de los más difíciles y complejos títulos del repertorio. Está considerada como un gran reto para toda agrupación artística de ballet, tanto para sus bailarines principales, por sus espectaculares y delicados momentos coreográficos, como también para el cuerpo de baile ya que necesita demostrar en todo momento calidad y acentuado desenvolvimiento.

El cuerpo de baile del Corella Ballet realizó una labor medida la noche del estreno aunque por momentos careció de seguridad y en algunas variaciones no expresó sincronización durante las diferentes coreografías. La sensación que transmite la agrupación es la de no estar aún madura. Habrá que esperar un poco a medida que vayan ganando experiencia y aplomo en su trabajo diario para apreciar un grupo más compacto en su dinámica danzaria. Hay cierta diversidad estilística en la compañía en general y el nivel técnico no fue siempre lo bastante bueno.

El resultado fue una Bayadera correcta, que recayó sobre sus primeras figuras: una excepcional y volátil Alina Cojocaru y Angel Corella. Absolutamente inmersa en su papel de Nikiya, siempre noble pero nunca arrogante, Cojocaru es quien embellece y dota a la escena de una alta distinción, demostró en todo momento una excepcional técnica artística e interpretativa. Es una bella bailarina con una técnica cristalina, hermosas líneas y una plasticidad excepcional. Junto a un potente Corella, con enormes saltos y giros deslumbrantes, ha exhibido su liderazgo y maestría a lo largo de toda la noche. Ellos fueron los principales hacedores de los aplausos y elogios de un Liceu lleno a rebosar, con toda la taquilla vendida y además con muchísima anticipación.

Uno de los puntos culminantes del primer acto fue el lamento y muerte de Nikiya, donde Cojocaru, sin enérgica variación de la canasta de por medio, antes de desfallecer elevo al máximo su exquisita sensibilidad y dramatismo.

Una actuación que merece una mención es la de Yerlan Andagulov, quien fue un impresionante y seguro Gran Brahmán y brindó una magnífica actuación. Enérgico y vigoroso, muy convincente en sus momentos culmines, supo transmitir lo que sucedía a cada instante.

Adiarys Almeida, en la piel de Gamzatti, estuvo moderada y digna. Se lució en sus múltiples pirouettes y su potente fuerza muscular. Si bien por momentos brindo personalidad al papel de la hija del Rajah, no llegó a aprovechar del todo situaciones cruciales donde podría haber ostentado mayor fuerza sobre su personaje. Con un desenvolvimiento seguro dentro del escenario y justa precisión en sus variaciones seguramente obtendrá y adquirirá el brillo que la impactante caracterización del papel de Gamzatti exige.

Los integrantes más conocidos de la agrupación, como Fernando Bufala —perfecto como el ídolo de bronce— y las bailarinas solistas María José Sales, Kazuko Omori, Cristina Casa y Ashley Ellis, mantuvieron durante todo el tiempo un nivel preciso en sus solos. Fueron los principales responsables de aportar seguridad y presencia al cuerpo de baile para que el nivel dancístico de la obra por ocasiones no decayera, sobre todo en las variaciones de la 3 escena del 1 acto, donde se celebra el compromiso entre Gamzatti y Solor, y las variaciones de las tres sombras del 2 acto.

El momento más esperado, fue la entrada de las sombras descendiendo una en una por una rampa. Si bien no fue lo suficientemente fantástica, las bailarinas que la ejecutaron demostraron un cuadro digno. Quizás por los nervios del estreno hubo pequeñas equivocaciones de port de bras y peligrosos equilibrios.

Las solistas Sales, Omori, y Ellis realizaron sus presentaciones estupendamente y junto con la pareja principal, Cojocaru y Corella, se llego a disfrutar de un clima pleno y lleno de arte.

El papel de Aya, un personaje evidente dentro de la historia del ballet, fue una figura deslucida y desaprovechada al máximo al ser representado por una joven bailarina carente de toda fuerza interpretativa. El resultado fue una figura tristemente deslucida, sobre todo si recordamos que el debut del Corella Ballet en 2008 en el Teatro Real de Madrid fue con Karemia Moreno. Ella dio vida a la perspicaz sirvienta de Gamzatti brindando emoción y sobrada experiencia actoral, realizando un papel altamente significativo y poderoso.

La Orquestra de la Acadèmia del Gran Teatre del Liceu dirigida por Philip Ellis se esforzó al máximo y facilitó la tarea a la compañía que supo aprovecharla a lo largo de toda la velada.

Con un impresionante y bello vestuario y una extraordinaria escenografía con aire, en general, acartonado y antiguo, demostró lo que fue una época de esplendor del Teatro Colón de Buenos Aires. La noche del estreno se ha presentado en Barcelona una Bayadere digna donde por momentos, sólo por momentos, se ha podido apreciar la precisión con la que debe ser interpretada una obra de esta envergadura. Por Carolina de Pedro Pascual - © 2006 - 2009 Danza Ballet.

"La Bayadera" por el Corella Ballet Castilla y León.
Estreno en el Gran Teatre del Liceu 9 de julio de 2009.


Alina Cojocaru y Angel Corella - - ©A Bofill