8.1.09

Colección Mondrian, de Yves Saint Laurent


Colección Mondrian - Fondation Pierre Bergé - Yves Saint Laurent

Cuando la moda tutea al arte.

Los trajes de yves saint laurent, ávido coleccionista de arte, dialogan con las pinturas y esculturas que los inspiraron. Una exposición muestra el vínculo a lo largo de cuatro décadas.

En las navidades de 1964, Yves Saint Laurent recibió un regalo que cambiaría su vida. Fue su madre quien pensó que le gustaría aquel libro que recogía las obras neoplasticistas de un pintor holandés muerto veinte años antes: Piet Mondrian. El alegato a la abstracción geométrica de aquellas páginas causó una impresión tan honda en el diseñador de 28 años como para que hoy, casi medio siglo después, atesore varias de esas obras originales en su increíble colección particular. Pero, en aquel momento, apenas llevaba tres años con su propia compañía y no podía permitirse semejante lujo. Canalizó la pasión hacia la creación en lugar de la posesión. En su siguiente desfile, una decena de vestidos replicaban el juego de líneas y colores de Mondrian, esta vez sobre las curvas femeninas. Una bandera para la modernidad. El nacimiento de un diálogo con el arte que recorrería la carrera del mayor diseñador vivo. Un hombre que, tal como declaró en 2002 en su retirada, quiso “acompañar a las mujeres en el gran movimiento de liberación que ocurrió el pasado siglo”.

Su adiós fue una rendición al nuevo orden de la moda. Pero hasta entonces, Saint Laurent sostuvo esa particular conversación con el arte que Mondrian inició. Tan capital para entender 40 años de creación que a ella consagró Pierre Bergé la primera exposición que organizó su fundación en los salones de la antigua casa de alta costura. Una muestra que, ampliada y mejorada gracias a la Fundación Caixa Galicia, viajará por primera vez fuera de París para recalar en A Coruña. “Me pareció más interesante subrayar el vínculo de Saint Laurent con el arte que simplemente recorrer su pasado glorioso”, cuenta Bergé, de 78 años, en su espacioso despacho, en el número 5 de la Avenue Marceau.

A menudo se pinta a Bergé como el áspero y autoritario gestor que convirtió las fantasías de un frágil soñador en un negocio millonario. Sus personalidades son antagónicas, eso es seguro, pero las interioridades de la relación prometen ser mucho más complejas. Saint Laurent se vio abocado a la luz pública a los 21 años, cuando la muerte de su maestro le dejó al frente de la mayor casa de cos¬tura de los años cincuenta, Christian Dior. Representa el genio creador trágico y atormentado, el cuerpo nervioso azotado por las depresiones y las adicciones. Bergé, en cambio, es el joven amigo de Jean Cocteau, el emprendedor de vastísima cultura e insaciable curiosidad, a quien Mitterrand coloca como director de la Ópera en los años ochenta. “Todo el mundo piensa que Yves es el débil, y yo, el duro, pero no me importa. Yo sé la verdad”, le contaba Bergé a The New York Times en 2000.

"Warhol dijo que Ives era el único auténtico artista de Francia recuerda Bergé"

Desde que se conocieron, hace justo 50 años, Bergé ha cuidado de un hombre que, tras los salvajes excesos de los setenta, raramente sale de su casa en Marruecos y de su apartamento en París (en el que vive oficialmente solo desde que Bergé lo dejó a finales de los ochenta). Parte de la torre que Bergé ha construido para proteger al creador, y al negocio que en 1961 montó alrededor de él, se basa en diferenciarle de otros diseñadores y distinguirle como artista. El tempe¬ramento artístico sirve para explicar que alguien sea capaz de lo más sublime (un esmoquin para mujer que cambió el signo de su tiempo, en 1967) y de lo más patético (un desfile de tres horas basado en Carmen, en 1976).

“Andy Warhol dijo una vez que el único artista de verdad que había en Francia era Yves”, recuerda en esta entrevista, como ha hecho en otras tantas. “Él es, además, un gran coleccionista, y desde aquella colección de Mondrian, su punto de partida, muy a menudo ha sido Matisse o Picasso”. La cercanía con los grandes maestros de la pintura no ha sido meramente intelectual. Saint Laurent ha compartido con ellos su intimidad. Goya, Picasso, Matisse, Ingres, Léger, Braque, Miró y Cézanne decoran su apartamento de la Rue Babylone, originalmente creado para un americano que se arruinó con el crash de 1929. Les acompañan exquisitos muebles art déco, un tapiz de Edward Burne-Jones, piezas de arte africano, vasos de Dunand o torsos griegos de mármol. Una colección tan ecléctica como la de Bergé, que además han construido (como todo) siempre juntos. “Elegimos en función de la calidad, no de la firma. Es así de sencillo. Sin prejuicios de épocas ni autores”, explica Bergé. ¿Siguen comprando? “Ya no. Los precios son demasiado altos. Completamente enfermizos. No nos lo podemos permitir”.

En 1999, grupo Gucci compró Sanofi Beauté, que entre otros englobaba su negocio de prêt-à-porter y cosméticos, por mil millones de dólares. Tom Ford pasó a dirigir las colecciones comerciales y ellos se quedaron con la de alta costura. Apenas tres años después, un maltrecho Saint Laurent anunció su retirada y, literalmente, desapareció del mapa. Bergé, en cambio, empleó su inagotable energía y su ansia de notoriedad en una fundación cuyo escaparte tapa la cara de Kate Moss en la última campaña publicitaria de Yves Saint Laurent.

Su objetivo es sacar el máximo partido de un asombroso legado: más de 5.000 vestidos, impecablemente conservados desde el día de su creación, y unos 15.000 objetos, entre bocetos y complementos. “Tan pronto como pudimos permitírnoslo, seleccionamos los mejores modelos de cada colección”, explica Bergé. “Era Yves quien decidía qué piezas había que quedarse. Unas 15 o 20 por temporada. Somos los únicos con algo parecido. Chanel o Dior no pensaron en esto desde el principio y han tenido que recuperar piezas posteriormente, comprándolas en subastas o a las clientas. Nosotros guardamos los prototipos, los originales. No modelos adaptados al color y la talla de quien los compraba”.

En las últimas semanas, 47 de esas frágiles piezas han viajado por primera vez a España. Su destino es A Coruña, donde, a partir del día 12, se exhibirán, en escrupulosas y constantes condiciones de temperatura y humedad, junto a 36 obras maestras que hicieron viajar la fantasía del maestro. Por mucho que el exotismo (desde los ballets rusos hasta el safari africano) haya teñido el trabajo de Saint Laurent, sus viajes sucedían, sobre todo, en su imaginación. Y el arte fue uno de sus medios de transporte predilectos. “La exposición de París nos interesó como punto de partida, pero hemos ido mucho más allá”, cuenta Teresa Porto, directora de la Fundación Caixa Galicia. “Allí sólo se enfrentaban los vestidos con obras procedentes de las colecciones privadas de Bergé y Saint Laurent. Nosotros hemos hecho un gran esfuerzo, y en apenas un año hemos conseguido préstamos de instituciones como el Centro Pompidou, la Tate Gallery, el Museo del Prado o el Thyssen-Bornemisza. Algunas, como las esculturas africanas de la colección Barbier-Mueller, han viajado en la cabina del avión con su correo”.

Fotografía de Archivo Fondation Pierre Bergé-Yves Saint Laurent I Christie's Images

La exposición no sólo profundiza en la idea esbozada en París, además enfatiza algunos de los aspectos menos obvios de la trayectoria de Saint Laurent. “En una de las primeras reuniones, el equipo de la Fundación Pierre Bergé-Yves Saint Laurent nos tenía preparada una sorpresa: una selección de más de veinte trajes inspirados en Goya”, explica Porto. Se trata, en efecto, de un vínculo menos conocido que el de Mondrian o Picasso, y al que se le ha dedicado una sala completa en la muestra. La ausencia de Saint Laurent, nacido en Argel hace 72 años, en este proyecto (y en cualquier otro en los últimos tiempos) parece confirmar las peores hipótesis sobre su salud. “Él decidió retirarse y quedarse en un segundo plano”, matiza Bergé. “Es su decisión, y yo no tengo nada que objetar. Supervisa lo que hacemos, pero no está metido en el día a día. ¿Por qué se fue? Porque no tenía rivales ya. Las casas de alta costura de verdad fueron la de Yves Saint Laurent, Dior, Coco Chanel y Balenciaga… Eran el astro alrededor del cual orbitaban las demás. Ahora cuesta encontrar el sol”. Por EUGENIA DE LA TORRIENTE 10/02/2008 - El Pais.

Fondation Pierre Bergé-Yves Saint Laurent - Georges Pompidou Center in Paris in 2002